El último que salga que apague la luz; mañana también se tiene que alumbrar el planeta

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ECOESCUELA ABIERTA  de El Diario de la Educación 

Dicen que ayer 25 de marzo fue la Hora del planeta, cuando este se apaga un poco para pensar. Cada cierto tiempo la NASA publica una foto nocturna, que es muy reproducida, con las zonas terrestres más iluminadas. La imagen atrae; es plástica y sugerente. Sin duda porque señala puntos de luz y esta se asocia a vida, también a señal de esperanza. Por lo que sea, la más pequeña luminaria ejerce sobre nosotros una seducción especial. Seguramente este hecho tendrá raíces culturales que se sustenten en la mitología -como puede ser el dios Ra egipcio, la influencia de Heindall en el norte de Europa-, la luz divina de la religión cristiana o el Sol de los aztecas o mayas. Esa claridad supone en muchos casos la salida de las tinieblas y la resolución de lo incógnito. El “hágase la luz” viene ya del Génesis y ha tenido un largo recorrido; normal que se la relacione con la sabiduría. Sea por lo que fuere, la presencia de la luz acuna nuestros sentimientos y nos disimula la cotidianeidad de las cosas. Además, durante mucho tiempo –ahora se cuestiona- el consumo de luz y energía se asoció a la mejora de las condiciones de vida, incluso hoy es una de las variables económicas para demostrar si un país marcha o se encuentra en recesión.
Por eso no es extraño que también en los centros educativos se rinda un pequeño homenaje a luz: cuantas más lámparas y fluorescentes haya activados mejor. Seguir leyendo en El Diario de la Educación.

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