La sexta extinción masiva se empieza a explicar en las clases

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ECOESCUELA ABIERTA  de El Diario de la Educación 

Los dinosaurios podrían representar, en la cultura colectiva, a las especies desaparecidas. Mucha gente puede decir cosas de ellos; bastantes de nuestros alumnos son algo así como una enciclopedia de los grandes reptiles. Conocen bien cómo se desplazaban y luchaban y un poco menos cómo podrían alimentarse siendo tan grandes y fabulan sobre las causas de su desaparición al hilo de las teorías que la achacan al impacto de un asteroide en el Caribe mexicano sobre lo que hoy es el Yucatán, o de las simultáneas y generalizadas explosiones volcánicas impulsadas por las ganas que tenía el iridio por salir de dentro de la Tierra.

En este amor universal, no suficientemente explicado, ha podido influir el film Parque Jurásico, de Steven Spielberg, que desde su estreno en 1993 impulsó mucho el interés por los grandes animales –da la impresión de que el Triceratops y el Tyrannosaurus son las estrellas–. Es curioso que el juego que nació de la película se titulase “El mundo perdido”, como queriendo hacer alusión a que desde entonces, hace unos 65 millones de años, se inauguraba otro mundo que dejaba atrás el Cretácico y daba paso al Paleógeno.

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