El Día Mundial de los Docentes nos invita a reflexionar sobre la carga anímica y de trabajo que soportan

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Quienes estamos ocupados en la tarea de enseñar no sabemos si los otros van a aprender; aun así insistimos en poner lo mejor de nosotros mismos cada día. El cualquier sistema educativo, dirigido o más libre, bueno o menos bueno, del primer o tercer mundo, del colegio de élite o del de la barriada, aquí o en América Latina, moderno o tradicional, etc., siempre cabrá la aguda inteligencia y la ayuda afectiva de los docentes comprometidos. Aseguran los informes GEM que en los países de altos ingresos los tiempos dedicados a la rendición de cuentas, ¿para quién si a los que deberían hacérselas sería a los estudiantes?, suponen cada vez más horas de dedicación, lo que carga a los docentes e impide que se dediquen a su tarea principal que es enseñar para que otros aprendan, y a la vez ellos mismos mejoren sus aprendizajes pedagógicos. ¿Qué opinan los maestros y profesores que leen este blog? Lean este antiguo artículo por si les ilustra un poco la respuesta. Por cierto, ¡Felicidades con retraso!; su día fue el viernes pasado.

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