Bosques de chocolate; la dulzura en los paladares de los ricos combinada con el amargor causado en los países pobres

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La vida se endulza con un buen chocolate. Ese placer, o vicio, se extiende cada vez más. Pero para tener chocolate hace falta cacao. En esta economía global que todo lo inunda, el cacao ocupa espacios que antes eran selvas, como sucede en Costa de Marfil, con el consiguiente deterioro ambiental que esto supone. Quizás, pasado un tiempo, nos endulzaremos la vida con otros placeres y quienes negocian con el chocolate abandonarán esas tierras, pero dejarán sus cicatrices en el territorio y en la sociedad, a donde ya han llegado las nuevas esclavitudes. Seguramente la mejor alternativa pasa por el comercio justo. Háblenlo en casa mientras degustan su chocolate preferido.

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