Las bicicletas no solo son para el verano. La mía está triste; la ciudad no las acoge bien

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Dialogan las ciudades y las bicis; a veces coinciden, otras no porque sus interlocutores cambian. La gente motorizada y los peatones no comprenden, o insultan, a los ciclistas urbanos; hemos de reconocer que algunos de ellos actúan de forma poco respetuosa; los coches -que se hicieron dueños del espacio urbano- intoxican y agreden a los ciclistas. En realidad, las ciudades no se hicieron para sus habitantes, sino para ser ellas mismas en su complejidad. Las trazaron demasiadas veces intereses económicos o veleidades de los gobernantes, ausentes de prejuicios sociales. Cuesta imaginar la ciudad de las bicis, aunque se dediquen congresos a entenderla, porque conviven en un espacio público con otros intereses y eso siempre limita; en los pueblos las bicis son más felices. El futuro de la bicicleta en la ciudad se imagina como un distintivo de la vida sostenible. ¡No puede ser que todavía no conozca las ventajas de moverse en la ciudad en bicicletaHay más de un billón de estos artilugios móviles por el mundo, donde más en China, pero en la ratio por habitante gana Holanda. Un recuerdo especial a quienes dejaron de ser ciclistas a su pesar, en particular en las carreteras. No se pierdan la película “Muerte de un ciclista”, de Juan A. Bardem que ya en 1955 nos dejó una crítica melodramática sobre dos ruedas. Si pueden vean de nuevo “Las bicicletas son para el verano” de Jaime Chávarri  y F. Fernán Gómez.

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