Espoletas nucleares: las hay ideológicas, perezosas, negociantes; casi todas oscuras y con efectos perniciosos, inmediatos o retardados

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La gente no habla de las nucleares; sea por desconocimiento de sus riesgos o porque las ha incorporado a sus vidas sin reparar qué son o cómo funcionan. Los periódicos sí que recogen que Garoña tiene raspaduras, aunque cuente con el aval de Consejo de Seguridad Nuclear para reabrir. Pero no nos fiemos: acumula bastantes riesgos potenciales, según expone el trabajo de la televisión vasca, que nos amplía las incógnitas que solamente conocemos de oídas. Se dice que el arco parlamentario está en contra de su reapertura. Uno se pregunta en su ignorancia nuclear si los asuntos de la energía forman parte de un estilo de vida. Se formula a sí mismo ¿Qué es y cómo puede afectarnos el uso de la energía nuclear?; si esa inquietud la podemos ampliar al resto de las energías y posicionarnos como ciudadanos de una vez por todas. No nos olvidemos de la energía “ahorrativa”. Por cierto, otros países han apostado por renovables 100 %; Alemania va a cerrar todas la nucleares y serán las eléctricas las que pagarán el apagón nuclear. ¿Se imaginan una cosa así en España? Aquí las previsiones sobre el futuro no aparecen en las políticas de los gobiernos; todavía está pendiente el almacén nuclear del que tanto se habló hace unos años. ¿Se acuerdan cuantas palabras gastamos en él? Lo solucionamos pagando decenas de miles de euros diarios para que nos guarden la basura nuclear en Francia. Las espoletas nucleares están ahí. Hay que desactivarlas con seguridad.

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