Habrá que pensar qué somos nosotros cuando hablamos de la Madre Tierra

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Dicen que aquel 22 de abril de 1970 en el que 20 millones de norteamericanos unieron sus voces para denunciar la escasa conciencia de la fragilidad del planeta pudo ser el inicio del movimiento ecologista y del espíritu proteccionista. Treinta y siete años después, en el “Día Mundial de la Tierra” seguimos alzando voces en la misma dirección. Son más los que escuchan; muy pocos frente a los que callan. Este año tiene unos lemas diferentes según quienes los proponen, pero todos son atractivos, necesarios y concluyentes: “Alfabetización ambiental y climática” hemos leído en unos portales, “Salva el suelo” en otros. Lo del lema es lo de menos, importa difundir el mensaje por si hay gente a la escucha, porque falta mucho para hacer realidad los deseos. Porque la Tierra es un espacio físico y social; ambos son indisolubles y en estos momentos suman sus padecimientos. Hay que enverdecer la sociedad y la escuela, quizás empezando con una variada información, como se puede ver en la página “Planeta Tierra” de Huffintong Post. Después obrando en consecuencia, sin dilación. Prepárense, el día del comienzo puede ser mañana. Si quieren convencerse escuchen “Hermana Tierra” de Laura Pausini. O si lo prefieren quédense con el poema de Gloria Fuertes:

El corazón de la Tierra
tiene hombres que la desgarran.
La Tierra es muy anciana.
Sufre ataques al corazón
—en sus entrañas—.
Sus volcanes,
laten demasiado
por exceso de odio y de lava.
La Tierra no está para muchos trotes
está cansada.
Cuando entierran en ella
niños con metralla
le dan arcadas.

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