La felicidad es un estado en el que la acumulación de momentos siempre es efímera

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Hace unas semanas se publicó el “Informe Mundial de la Felicidad 2017”, el quinto ya. En él se clasifica a 155 países según una serie de indicadores, entre los cuales se pueden resaltar la renta per cápita, ayudas y apoyo social, esperanza de vida, percepción de la corrupción, prevalencia de generosidad y libertad para tomar decisiones, además de cuestiones de salud física y mental. Como casi siempre, los países del norte de Europa (con Noruega a la cabeza) ocupan 7 de los 10 primeros puestos; a la cola los del África central más Siria, Haití o Yemen. España se sitúa en el puesto 34. La felicidad siempre es relativa, si bien se puede acercar a una medición si se pregunta –varias veces- a mucha gente que dice poseerla. Dicen quienes de esto saben que para enterarse utilizan seis claves de lectura: si la gente tiene objetivos claros, lleva una vida saludable (en relación al ejercicio, nutrición y pautas de sueño), es optimista desde el realismo, se centra en las fortalezas de uno y no en las debilidades, aprovecha el presente, además de otros factores relacionados con las relaciones sociales. Preguntan si hay diferencias entre la casa y el trabajo. El Índice del planeta feliz que elabora la Fundación de Nuevas Economías (Nef) se hace a partir de la consideración de otras claves como la esperanza de vida, la experiencia personal de sentirse bien y la huella ecológica. Ahí los primeros van los costarricenses. Entre unas cosas y otras se nos había olvidado preguntarle si es feliz, si piensa que también lo es la mayoría de la gente.

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