La escuela deambula en el empeño de formar cultura ecológica

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La incorporación de los contenidos ambientales a los currículos se lleva a cabo en la Logse (1992). Desde entonces han aparecido, con más o menos acierto, en las sucesivas reformas educativas con las que han estudiado muchos jóvenes. Es por tanto interesante conocer lo que recuerdan sobre esta cuestión. Un reciente Ecobarómetro –investigación financiada por Endesa y suponemos que por eso prioriza la cuestión energética- recoge que más de la mitad de los encuestados (18-35 años) considera que el tratamiento de estos conceptos fue insuficiente cuando estudiaron y querrían haber conocido más aspectos, en particular los relacionados con afecciones graves al medio ambiente y las soluciones a estas (energías renovables, estilo de vida, cambio climático, etc.). También opinan que era bastante mejorable la preparación del profesorado, que descendía desde Primaria hasta la Universidad. Es significativo el resultado que arrojan los contextos metodológicos en los que se trabaja el medio ambiente -que requeriría proyectos de interpretación con una alta participación del alumnado-. Predominaba la enseñanza tradicional: son poco o nada habituales los proyectos prácticos hechos en grupo (16,6 y 29,1% respectivamente) y o entre varias clases (2,8 y 14,2), así como el uso de Internet (11,1 y 22,0%). Hubiéramos querido ver cambios desde entonces, porque no podemos permitirnos que los escolares de ESO acaben sin saber lo que significa el cambio climático, por ejemplo. La escuela construida de espaldas a la sostenibilidad. ¡Con la que nos está cayendo!

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