La AOD (Ayuda Oficial al ¿desarrollo?) en África tiene muchas caras, no todas sonrientes

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La buena cara se aprecia en que se han mejorado las tasas de escolarización, que determinadas enfermedades como la malaria y el VIH han sido frenadas, que la esperanza de vida crece. La mala es que la educación no llega a la mitad de los jóvenes africanos entre 15 y 17 años, que las niñas no encuentran en la escuela su mejora social, y que las desigualdades se cronifican en el complejo continente. Parece que la AOD de los países occidentales –que ha caído vertiginosamente según Oxfam– es interesada: para sus amigos y si pueden sacar rédito de ella. Hay quien aboga por darle a la AOD un giro completo -las corrupciones hacen perder millones de dólares por el camino-, por que se vigilen los neocolonialismos como los que han puesto en marcha los chinos, pero no solo ellos. Se cuenta hoy que las remesas de los migrantes a los países pobres suponen más dinero que los que les llegan por parte de la AOD –que muchos países donantes “engordan” con maniobras vergonzosas-. Por ahí ha visto alguien una puerta para favorecer la acogida; otros le han puesto muchas cerraduras de seguridad. Pero no debemos olvidar que si los estados frágiles se convierten en fallidos todos tendremos un problema. Lo dijo Bill Gates. Los incumplimientos de los compromisos de los donantes son clamorosos.

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