El tiempo no siempre está de buen humor; expande sin orden tormentas y silencios

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Un día empieza cuando otro acaba. Si se accede a las noticias de lo que sucede en el mundo se percibe una mezcla de ironía negra -escrita en muchas lenguas- con algunos paisajes agradables –trazados por gente especial-; todo ello sin orden aparente y cargado con tintes de melancolía por lo que en ese día nos vamos a perder. Al momento la noticia deja de serlo; lo efímero es un distintivo de nuestro tiempo. La redes sociales amontonan tiempos de otros y se comen el nuestro; imposible huir de ellas, mejor es sobrellevarlas. El tiempo es imperfecto, incluso en su misma polisemia; hasta la naturaleza tiene los suyos. Hay varios tiempos, o este tiene diversas dimensiones, vino a decir Zubiri. Contamos el tiempo alternando días y noches, inviernos y veranos; cada cierto tiempo nos lanza sus exabruptos. Las tormentas y las riadas se suceden, con una cadencia sin tino con las sequías; todas son producto de muchos tiempos entremezclados. Las televisiones aumentan el tiempo de sus programas dedicados a explicarnos el tiempo que ha hecho o el que va a hacer. Se nos amontonan los tiempos, que dejan de medirse pues entre ellos se desvanecieron las pausas, y nos quedamos sin tiempo. No sé de qué tiempo escribo. Quizás debería empezar por preguntarme si el tiempo existe. Lo dejo; no tengo tiempo. Bueno, me queda un poco para releer “Tiempo sin tiempo” de Mario Benedetti.

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