Reciclaje en el medallero olímpico: ¿Un cambio de tendencia o una guirnalda para tapar las afecciones ambientales?

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Hace unos días nos sorprendió gratamente la noticia de que en Tokio 2020 las medallas estarían fabricadas con metales reciclados de los móviles desechados. Los organizadores quieren reducir así el impacto ambiental del evento. Van a instalar contenedores en las ciudades con el objeto de que la gente deje allí sus dispositivos electrónicos. Así piensan recoger 8 toneladas de metales con lo que elaborar las 5.000 medallas que van a entregar en los juegos olímpicos y paralímpicos. Este asunto, con ser una buena noticia, es solo un detalle en la necesaria tarea de disminuir los efectos ambientales y sociales que los dispositivos electrónicos generan. Aseguran las cifras que hay circulando por el mundo unos 7,9 mil millones, más que personas. En España ya los poseen, de última generación, el 98% de los jóvenes de 10 a 14 años. Piensen la cantidad de conversaciones que se generarán durante Tokio 2020, lo que crecerá la venta de los dispositivos de ultimísima generación en el país nipón, avanzado en la modulación electrónica de la vida. Seguro que los efectos ambientales negativos –tanto de la fabricación como de su uso- serán mucho mayores que los generados por el reciclado de las medallas. Pero los japoneses han sabido darle un “toque moderno” a su interés económico. Porque aunque el móvil necesite poca energía para cargarse, su utilización genera gastos energéticos allí donde la nube de Internet esté enchufada. No hemos hablado de los múltiples derroches ambientales que lleva implícita la celebración de las comercializadas olimpiadas; daría para muchos chispazos.

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