La mente es obtusa; la nubla la desidia aunque el ojo vea.

Los episodios de contaminación por emisiones de los coches de gasoil han provocado desastres en muchas ciudades europeas. Algunas regularon circulaciones selectivas de vehículos a motor diesel. Durante muchos años, los diferentes gobiernos de Celtiberia han primado su compra. Hoy, los habitantes de Madrid sufren en su salud los efectos de la desidia. Hace un tiempo, organizaciones ecologistas denunciaron el silencio de las estaciones medidoras de la capital o su redistribución anómala.

La verdad se oculta tras la niebla.