Nada es perfecto, ni secreto. La huella hídrica nos delata, quiere atosigar una impertinente memoria futura

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No es preciso ser detectives tipo CSI, basta con observarnos a nosotros mismos, o a quienes tenemos al lado. Vamos por la vida chapoteando cada día, desde el primer pis hasta el último lavado de dientes. Por eso dejamos una huella que tarda tiempo en borrarse. Algunas empresas aguadoras se han preocupado de estudiar las perspectivas que se nos abren allá por el año 2025. Si no se conforma con los datos de sus consumos, puede calcular su huella hídrica, de todos los de su casa, o de su negocio.

Pero hay más asuntos pendientes. Uno abre el grifo y se cree que solo sale agua, pues no. Una cuarta parte de los acuíferos que sirven al 70% de los pueblos están contaminados, lo cual compromete la vida futura. Los nitratos presentes en los fertilizantes nitrogenados utilizados en la agricultura son los responsables. No lo crean, los causantes son quienes los utilizan a mansalva para mejorar sus producciones.

P.D.: No nos olvidamos de la contaminación por lindano que soporta en Gállego, río Pirenaico que desemboca en el Ebro en Zaragoza, después de haber dejado potenciales misiles tóxicos permanentes a lo largo de más de cien kilómetros. Van ya casi 40 años.

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