Treinta años después la memoria llama. ¡Qué pena! Los muertos por defender la ecología no pueden escuchar lamentos

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Aquellos que claman por el retorno a la ecología existencial pocas veces son escuchados por los que viven al margen de estas preocupaciones. Demasiadas veces son silenciados con el argumento de la violencia. Quienes manejan el arma ejecutora permanecen escondidos, pero sus oscuros intereses los delatan. Treinta años después de aquel 10 de julio de 1985, de que la carga explosiva adherida al Rainbow Warrior de Greenpeace –que estaba allí para denunciar las pruebas nucleares francesas- se llevase por delante la vida del fotógrafo Fernando Pereira, el militar francés que la colocó pide disculpas. Es demasiado tarde. Pasados pocos años, perdió la vida en Brasil Chico Mendes, el defensor de la Amazonía, esa maravilla que nos refresca una parte del aire global y que gracias a gente como él el atropello que sufre repercutió en la opinión internacional, y se frenó su destrucción generalizada. Un recuerdo y homenaje a cuantos alzan su voz por que la ecología global, como una parte de los derechos humanos, asegure la vida de todos nosotros. Siempre estaremos en deuda con ellos; la pena es que con algunos es póstuma, como denunció Amnistía Internacional.

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