Machado y Tolstoi llorarán en su tumba la destrucción forestal; atrás quedaron el olmo seco del uno, y el roble mustio y florido del otro

Publicado el

León Tolstoi, no hace falta pregonarlo, dejó en Guerra y paz una muestra clarividente de su interpretación del paisaje. Qué decir de nuestro Antonio Machado y sus paisajes, sus naturalezas delatoras, su olmo querido a las orillas del Duero. Han pasado 100 años desde que lamentaron las pérdidas. Se pondrían contentos si supieran que en el mundo hay casi 500 árboles por persona, se preocuparían con la noticia que asegura que dentro de 300 años los bosques desaparecerán al ritmo actual de deforestación, se revolverían en sus tumbas si leyeran el artículo de Nature. Se morirían de nuevo, el uno de una gran nueva pena y el otro de lo que fuera.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ecos de Celtiberia