Cuestionado pensamiento de ultratumba: No siempre la naturaleza es el modelo eterno e insuperable

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Seducimos con lo natural a quienes nos escuchan, pero se nos quedan fuera todos aquellos que no confían en la entropía programada y se nos carcajean quienes no ven nada nocivo en lo que hacen los humanos. De estos ha habido muchos a lo  largo de la historia, y puede que Usted mismo conozca a bastantes. Un pensador apócrifo apostó por desterrar los debates de salón en el «conflicto sí/no» a la vida natural porque, adujo, se apoyan en ideas incompletas para la que no existe un modelo natural global que se pueda generalizar antes que la naturaleza se finiquite, ¡o no! Otro «elucrubrador» apostó por regularizar las múltiples parejas de conveniencia que son posibles entre humanidad libre, así globalmente enunciada, y naturaleza, si se quiere al estilo Rousseau. Aseguró que no teníamos otra salida. En la apretada contienda que nos espera, lo que más desearía el que suscribe es que no se vulnerasen los derechos de quienes se encuentran en la base de la pirámide existencial, piensen o no. Porque claro, moverse entre la «libertad condicionada por la naturaleza» -de la que hablaba Adorno- y la «razón entrelazada con la naturaleza» -de la que se preocupaba Kant- le intrigan, más que nada porque opina que otras personas pueden pedirle cuentas de sus acciones, ¿o quizás la naturaleza misma? Una cierta voluntad ética le sumerge en el papel de observador objetivo de la naturaleza y de sus humanos intentos de manipulación; no resulta fácil.

P.D.: Denle una vuelta a alguno de los pensamientos del filósofo Adorno sobre el entrelazamiento de razón y naturaleza en  Jürgen Habermas Entre naturalismo y religión, Cap. 7. Paidós

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