Los resplandores de los gestos ensombrecieron las ideas. La contrapublicidad nos nubló de nuevo. Nos salvó la masiva compra de gafas protectoras

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Crónica celtibérica de finales del julio tórrido de 2015:

Eran nuevos. Llegaron convencidos de que el traje del emperador era volátil, como una parte de los iconos que sostenían la sociedad aduladora. Mucha gente despertó. Les agradeció algunos gestos, se desorientó con otros. Empezó la batalla dialéctica para discernir si eran galgos o podencos quienes habían provocado los urgentes retos sociales. Esperemos que el tiempo del “no sé” acabe pronto, que los fogonazos gestuales y el calor visceral se tranquilicen y aquella calle por la que deben transitar las esperanzas vaya cambiando algo más que su nombre: desaparezcan de ella los baches. Ya dibujó el peligro de los focos el gran “EL ROTO”. Los necesitamos ocupados en cambiar el desapego en esperanzas. Les damos tiempo pero les pedimos celeridad. Porque es necesario que en el trono de los gestos se asienten por encima las ideas. Así podremos quitarnos las gafas y mirarnos todos a la cara. Porque, como avisó Iriarte, los imaginados cánidos se aproximan. ¡Ojalá pudieran reescribir entre todos, los de antes y los de ahora, esa fábula que es la vida de los otros!

Es domingo. Día de fiestas patronales en muchos pueblos de España. ¡Salud!

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