Un maná llega a Gaza

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Según el libro del Éxodo, el maná era el pan enviado por Dios a los israelitas todos los días durante los cuarenta años que estos deambularon por el desierto. Habían partido de Egipto, un lugar en donde se les odiaba por su raza y religión.

Desde hace unos días ya no solo llegan bombas el desierto humanitario que es Gaza. Ahora cae desde el cielo una exigua lluvia de víveres y medicinas. Apenas pueden sanar pequeños rasguños de la vida de los gazatíes. También ha empezado a llegar ayuda por mar. Escaso consuelo, menos es nada, para quienes tanto sufren. Porque el ejército israelí continúa diciendo que va a arrasar Rafat; no se sabe qué hará con el millón de personas ahí hacinadas. 

El maná que demandan los gazatíes debería llegar en forma de presiones conjuntas de la comunidad internacional. Tanto que obligaran al presidente Netanyahu a detener este exterminio que a nada bueno puede conducir. Porque en el momento que acabe esta guerra habrá que reparar ruinas y curar heridas físicas (la salud de mayores, mujeres y niños ha sido la más perjudicada) y éticas. Nos tememos que estas últimas tardarán en sanar.

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