La nada es Gaza; era una hipótesis

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Alguien podía preverlo; haberlo adivinado. Acaso yo mismo que soy otra hipótesis, rara porque afirma que Gaza había existido. ¿Qué apostamos?, me dijo alguien que en sueños tenía delante de mí. Si no es nada, nada nos puede inducir al equívoco. Pero apostemos: si fue no es, si será es imposible porque la nada no es por mucho que pensemos o la cultivemos. Pero nosotros somos, como demuestra el hecho de que esté apostando contigo, que aunque no fueras eres por el hecho de apostar.

Vamos a apostar sobre los acontecimientos que pudieran haber sido antes de la nada. No, esos no sirven porque lo desconocido es ilimitado y lo conocido, aunque sea largo, lo es por otros y tiene escaso valor o crédito. Apostemos por lo que puede salir de la nada. Se diría que las posibilidades son ilimitadas, tanto que pueden ser nada; o tan contradictorias que se anulan las unas a las otras. ¿Acaso serán acontecimientos o negaciones, porque detrás de cada obra está el no, o el imposible? Quizás también el quizás sea derrotado por la nada, porque la negación tiene mucha energía. ¡Ahí es nada!

Pero no hemos dicho lo que apostábamos. Mal podremos saber quién pierde o gana. Cualquier operación que cambie la nada se torna difícil. Da igual que dividamos o multipliquemos, que sumemos en una resta que da cero, que se parece bastante a nada.

Supongamos que somos Wislawa Szymborka, si es que tal coincidencia se pudo dar y dejó de ser hipótesis. Pues no: Nada ocurre dos veces
y nunca ocurrirá. Nacimos sin experiencia, moriremos sin rutina. Huimos de ambas cuando decimos aquello de «no me cuentes nada» que en realidad debería haber sido «no me cuentes algo» porque prefiero situarme en la nada.

Acaso la rutina de Gaza es ser ya para siempre nada. Adiós la hipótesis. Me queda una duda: ¿podrá resucitar la nada? Pero para eso tienen que ponerse de acuerdo los dioses que mantienen la nada en aquel lugar por el que apostamos. Más difícil fue el asunto del origen del universo y de la nada surgió el todo que continúa expandiéndose. ¡Nada más y nada menos!, añadía Italo Calvino a la hipótesis.

¿Todo esto para nada?

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