Dineros que son clima

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La COP28 empezó con pocas ilusiones pero… quién se acuerda de eso ahora

Lo que se dispone a leer a continuación es una especie de amalgama climática sobre la COP-28 que se celebró el mes pasado en Dubái. Ha sido elaborada a partir de lo dicho en periódicos nacionales y extranjeros, en comunicados de las agencias de la ONU o de las ONG ambientalistas y sociales que por allí anduvieron.

La cumbre se abría con el eco de las palabras de Antònio Guterres, secretario general de la ONU. Pedía medidas para evitar el colapso planetario y de la humanidad, ambos pendientes de unos pocos hilos. Muy enfadado, lanzó la metáfora de que no se podía apagar el incendio del planeta con una manguera de combustibles fósiles. En la COP-28 afloraron enseguida las incoherencias climáticas. Su presidente, Sultán al Jaber, lanzó la proclama –sembrada de petrodólares interesados– de que no existe evidencia científica que ligue la contaminación por uso de combustibles fósiles con el clima global. Al día siguiente se retractó, o lo retractaron.

Hagamos historia. En la COP de París de 2015 –la del reconocimiento de la alerta climática– los países acordaron limitar el calentamiento global para este siglo a 1,5 grados centígrados. ¿Qué ha sucedido desde entonces para encontrarnos ahora en una situación tan crítica? Parece que en 2023 ya estamos en torno al 1,4 grados. Es más, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) asegura que el clima mundial se encamina a un aumento de la temperatura de 2,8 °C en el año 2100. Si esto sucediera tendría consecuencias catastróficas; hasta las ganancias de las multinacionales energéticas se reducirían. La OMS alertaba de la relación entre la quema de combustibles fósiles –los niveles de partículas en suspensión superan tres o cuatro veces sus recomendaciones– y la salud; lo cual eleva el gasto sanitario y mata gente.

Pero los dineros en juego son muchos, como demostraban las decenas de miles de asistentes a esta cumbre. Aunque se apruebe detener la emergencia climática, los países en desarrollo necesitan cientos de miles de millones más en financiación para acercarse a la transición deseada. Por otra parte, los países desarrollados y los productores de petróleo no se van a ver obligados a actuar tan rápido como exige la ciencia climática. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente señala que los países ricos deberían multiplicar por entre 10 y 18 los fondos para cubrir las necesidades de adaptación de los países pobres (entre 215.000 y 387.000 millones de dólares al año).

En la COP-28 se acordaron ayudas multimillonarias a la agricultura para hacer frente a los desafíos climáticos. Habrá que transformar con urgencia los modos de producción, distribución y consumo de alimentos; inducir a los mercados hacia la sostenibilidad. Así se podrán «salvaguardar y restaurar los ecosistemas y la biodiversidad, al tiempo que se alimenta a 10.000 millones de personas para 2050». También las empresas tienen mucho que decir y hacer, como recordaban Clara Arpa y Víctor Viñuales (HERALDO, 13 de diciembre), porque abordar la crisis climática actual es clave para gestionar riesgos empresariales.

La cita, que salió a empatar, fue a la prórroga. Pero el ‘The end’ resultó de película: la COP-28 alcanzó un acuerdo histórico que cierra la manguera para dejar atrás los combustibles fósiles. Hasta la vicepresidenta del Gobierno español Teresa Ribera dice que es «el principio del fin de los combustibles fósiles». Casi de acuerdo, habida cuenta de la falta de ambición con la que empezó. El texto pactado por los 198 países presentes pone el foco en los principales responsables de la crisis climática: los usos de petróleo, carbón y gas. Se acuerda generar una transición para finalmente eliminarlos «en los sistemas energéticos, de manera justa, ordenada y equitativa, acelerando la adopción de medidas en este decenio crítico, para lograr el cero neto para 2050». Un periódico francés lo llamaba «un cascarón vacío», porque no es vinculante.

También hemos leído que los actuales planes de los países –programados para 2030– llevarán en ese año a un sobrecalentamiento del aire. En el mejor de los escenarios será entre 2,1 y 2,8 grados. Es más, ni siquiera en la letra pequeña del texto final se acuerda la eliminación total del uso del carbón, el petróleo y el gas, ¿hasta 2050? ¡Vaya!

Sigamos atentos. El deseado disfrute de un aire menos contaminado aún no ha empezado. ¿Aguantarán los dineros? Son salud.

  • Este artículo fue publicado el 4 de enero en Heraldo de Aragón, pág. 18.

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