La megasequía puede llegar en unos años: ¿cuánto y hasta dónde? ¿Y en Gaza?

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En cuanto caen en otoño cuatro gotas nos olvidamos de la sequía que padecimos, al menos los urbanitas. Pero en muchas zonas de España, casi en medio mundo la sequía se hizo resistente y no hay forma de librarse de ella. En la rica Cataluña hay restricciones varias del uso del agua; en algunos lugares no habrá ni para boca. Sus embalses, los de las cuencas internas, están ahora mismo alrededor del 38 %; los de la provincia de Lleida al 41,4 %. En este mapa de El Periódico se puede comprobar que casi todo el territorio se encuentra en emergencias varias o en excepcionalidades casi nunca vistas. Pero hablar de eso no da réditos políticos. 

La situación de megasequía «riega» la mayor parte de campos y bosques catalanes, hasta en Girona donde en tiempos llovía bastante. Sus políticos, como en el resto del territorio español, han hecho dejación de funciones. Por eso deberían rendir cuentas. Cuando hablan envían agua en palabras, que a ningún cauce llegan. El momento coyuntural de la sequía y falta de agua está en las ideas caducas de la ciudadanía y sus dirigentes. Todos han vivido al margen de la realidad, sin atender a las llamadas de parar los derroches varios que acumulan riesgos a la falta de lluvia. Miran al cielo para disparar al culpable, pero harían mejor en mirarse a sí mismo. 

La sequía puede convertirse, seguramente lo será, en un factor limitante para la biodiversa vida, el medioambiente en general, las economías derrochadoras y toda la dinámica socioempresarial. En qué ha estado pensando Cataluña durante todos estos años que no ha sido capaz de mirar al agua -el consumo medio anual por habitante en Barcelona está entre 210-230 litros diarios- dentro de un escenario de restricciones de agua; ahora (a buenas horas) dice el Govern que penalizará los consumos excesivos. Copiamos de El Periódico, para: «castigar» la especulación y a los que gastan agua de forma «lujosa» (sic).

En algo parecido a quienes hablaban de la nada acuática en el resto de España. Porque, esto se veía venir. Las restricciones en Andalucía son de libro emborronado pues no miran ni siquiera a los pozos ilegales que secan Doñana. En Aragón sueñan con hacer pantanos más grandes mientras la renovación de acequias se la comen las hierbas y los topillos; eso sí, van a dedicar una porradas de millones para hacer un campo de fútbol para la capital, para el caso de que sea nombrada sede en 2030. Así que, al margen de que llueve menos, de que el cambio climático no nos quiere proteger, la mala gestión del agua es uno de nuestros deberes nunca vistos.

Hemos leído con preocupación que la megasequía que se preveía para finales del siglo XXI en Europa puede que llegue a partir de 2030, el de la euforia futbolística mundialista. Lo asegura, como principal conclusión y alarma, un trabajo aparecido recientemente en la revista Communications Earth & Environment (del grupo Nature). El equipo de investigadores se han fijado especialmente en los niveles de calor y sequía actuales. Estos se consideraban prácticamente imposibles hace 20 años alcanzan ahora una probabilidad de 1 entre 10. Pero lo malo es que aventuran que a partir  temprana de la década de 2030. Anotamos unas palabras de la española Laura Suárez-Gutiérrez, investigadora de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (ETHZ) que ha liderado la investigación: 

“Queríamos fijarnos no solo en altas temperaturas, sino en eventos combinados que sean relevantes, como altas temperaturas que coinciden con sequías, la sucesión de noches con temperaturas nocturnas muy altas o calor húmedo, condiciones que son relevantes para los ecosistemas y la salud humana”

La clase política y empresarial española -e imaginamos alter ego de la mundial- debería interpretar muy bien lo que sale de la COP28. Ya les avisó alguien con sabiduría aplicada hace muchos años: Cuando más focalicen su mirada en lo propio y cercano, peor verán las cosas que realmente son importantes.

P.D.: Un recuerdo emocionado para los gazatíes, cuya megasequía permanente (consumo medio por debajo del agua como derecho humano) se ha teñido ahora del rojinegro horror de la guerra: diecisiete mil de ellos (el 70 % mujeres y niños) nunca más beberán agua como  resultado de dos meses de genocidio. Unrwa (Agencia de las NN.UU. para los refugiados de Gaza) denuncia que allí confluye la mega negación moral del resto del mundo, a la vez que pide ayuda económica para aligerar el sufrimiento de dos millones de personas.

NOTA PÓSTUMA: EE.UU. se tuerce el brazo al firmar el cheque de la mega ausencia ética en Gaza con su veto en la ONU, bajo la atenta mirada del Reino Unido. Dos de las democracias “modelo” del mundo cruel. El pobre Guterres ya no sabe a qué dioses implorar. Amnistía Internacional me recordó ayer que el 10 de diciembre está señalado como el Día Internacional de los Derechos humanos. 

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