La guerra del trigo azuza el (des)orden mundial

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La alimentación es la clave principal de la supervivencia de la especie. Tanto que ha provocado grandes convulsiones a lo largo de los siglos. Se anuncia que Ucrania y Rusia, bajo mediación de la ONU y Turquía, han firmado un acuerdo para dar salida al trigo que una parte de la población mundial necesita para no sucumbir. Queda ver cómo discurre su cumplimiento.

El amarillo de la bandera de Ucrania viene del alto valor que allí tiene el trigo y otros cereales, cultivados en tierras negras (chernozem). Estas cubren una parte de ese país, que a la vez suponen la cuarta parte de las existentes en el mundo que todavía conservan su fertilidad. Como retienen mucha humedad y el clima todavía les es propicio, los rendimientos por hectárea son muy elevados. De ahí aquel dicho que afirmaba que «Ucrania es el granero de Europa».

Eso sucedía antiguamente, hasta que los rusos decidieron invadirla, era uno de los principales graneros del mundo. Lo saben bien los países del este africano y todo el Oriente Medio en los cuales han comenzado ya las hambrunas. Se teme que este nuevo escenario tenga que ver en posibles revueltas en los países árabes. Ya sabemos que las guerras del pan han estado presentes siempre a lo largo de la historia. En España se recuerdan las algaradas causadas por la carestía del pan en Requena (1748 y 1766), año este en el que sucedió el motín de Esquilache, en donde se mezclaron granos con vestimentas. Se extendió como la harina impulsada por el viento y adoptó diversas dimensiones, como el «Motín de los broqueleros» en Zaragoza. Fuertes fueron las revueltas de 1904 en Valladolid, antes ya hubo otras en 1856. Por eso, en la FAO andan muy preocupados se la actual invasión rusa se prologa durante mucho tiempo. Tanto es así que avisan de que estamos ante una crisis alimentaria sin precedentes en la historia.

Todo lo anterior venía a cuento para insistir una vez más en que cualquier desarreglo mundial en la cadena de producción y consumo, llega hoy a todos los confines del mundo. La interdependencia es hoy total. Cada obús que explota en Ucrania imposibilita la alimentación de mucha personas situadas a miles de kilómetros de la acción bélica. Tenemos la demostración en los sufrimientos de muchos pobres de países ricos, y países pobres de solemnidad, a algunos de los cuales se forzó al abandono de los cereales que les procuraban proteínas, en el desorden mundial. Detrás vino la inseguridad alimentaria y de nutrición que la FAO lleva tantos años denunciando. Esto, dicen algunos, no ha hecho nada más que empezar y vaticinan migraciones en bandada o revueltas generalizadas, que también expulsarán a mucha gente de su territorio. No se pierdan el último número de EOM (El Orden Mundial) especialmente preocupado en ilustrarnos sobre los desórdenes mundiales de plena actualidad.

Y no solo es el trigo.

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