Las bombas de la guerra de Ucrania caen en África

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No solo en África sino en otros muchos países del mundo. El alza generalizada de materias primas y de productos de consumo básicos amenaza la economía global, pero especialmente en los países pobres de África. Una sola cuestión explota y sus esquirlas afectan en todo el mundo. La subida de los combustibles y otras materias primas ahoga la economía mundial. Pero detengámonos en la crisis alimentaria que se ha generado con la imposibilidad de exportación del trigo ucraniano o ruso a los países africanos. Si no se garantiza la salida del trigo desde el puerto de Odesa se vislumbran consecuencias graves que se alargarán varios años. 

Como denuncia Oxfam, en países como Kenia, Somalia, Etiopía y Sudán del Sur, castigados ahora mismo por una sequía sin precedentes en los últimos 40 años, se ven privados del trigo que les llegaba regularmente desde Ucrania y Rusia. No solo esos sino que también otros del norte de África (Egipto, Libia, Argelia…) y Oriente Medio (Yemen, Líbano, Irak), y algo afecta al África subsahariana (Nigeria, Sudán, Senegal…) o central (R.D. del Congo y Madagascar, y en Asia (Bangladesh). En total cientos de millones de personas.

Las guerras son crueles y malditas para todas las personas pero en especial para las más vulnerables. Durante estos días se ha celebrado en Estocolmo una conferencia de la ONU para abordar las tres graves emergencia que amenazan el presente y futuro del planeta y sus habitantes: climática, de contaminación y pérdida de biodiversidad. En ella, Antonio Guterres, el Secretario General de la ONU ha dejado claro que el mundo sabe qué hay que hacer y dispone de las herramientas necesarias, pero faltan liderazgo, cooperación y compromiso. La primera ministra sueca, Magdalena Andersson, defendió la necesidad de hablar menos y hacer más, y más rápido. 

Volvió a plantearse como en la primera conferencia mundial que tuvo lugar en Estocolmo ahora hace 50 años aquello que predicaba una y otra vez Olof Palme, el primer ministro sueco entonces: «No hay ningún futuro individual, nuestro futuro es común. Debemos compartirlo y darle forma juntos». Los ecos de la inacción global llegan a todo habitante del planeta, no solo las personas, pero se ceban especialmente en los más vulnerables y entonces causan más daños que el simple eco de que algo ocurre. Nos quedamos con las palabras de Teresa Ribera, Vicepresidenta del Gobierno de España y Ministra de Transición Ecológica: Necesitamos una transformación profunda y radical, los retos de hace cincuenta años se han transformado ahora en crisis». Considera que «estamos muy lejos de los objetivos marcados o de diseñar las respuestas que necesitamos» porque «los retos de entonces se han convertido en emergencias», por lo que es ineludible una transición profunda y radical a la hora de plantear la vida global. 

El estruendo de las bombas ha impedido la escucha del socorro demandado por las ONG y organismos internacionales. La espigas del cereal están huecas o quemadas. ¿Ahora o nunca? Ya. Acuerdos internacionales para abrir corredores que permitan la salida de alimentos básicos para el mundo desde Rusia y Ucrania. El tiempo corre más deprisa que los dirigentes mundiales. 

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