Crisis alimentaria a la vista: más pobres y con menos salud

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La tranquilidad mundial, es un decir, que reinó durante unos años en Europa a comienzos del siglo XXI dejó a los países ricos al margen de las penurias alimentarias, con la excepción de las derivas de incertidumbre de la crisis de 2008. A todos sus habitantes no, porque también tenían ciudadanos pobres y hambrientos, particularmente en las grandes ciudades. Pero, aunque no llegasen a todos, tenían sistemas de protección social que aminoraban en parte las tragedias de determinadas familias. Si no que se lo pregunten a muchos de los inmigrantes, que desde su llegada a Europa, los que no murieron en el intento, sufren penalidades económicas que palían con economías de corto alcance.

El descontrol en el precio de los alimentos tiene muchas caras. La COVID nos enseñó la más amarga, porque mezclar hambre con una epidemia, en un contexto de pobreza nacional, desestabiliza hasta a las ratas, con perdón por poner en medio a estos animales. Las rutas comerciales se rompieron, los compromisos se anularon, las globalizaciones alimentarias cayeron por su propio desastre conceptual. La FAO lleva tiempo avisándonos. Aunque eso que pasa en muchos países africanos, asiáticos o de América no se nombra en los noticiarios. Por si acaso ahí va un resumen de Rtve.

Después, más bien enseguida, los rusos decidieron invadir Ucrania, el granero de Europa se decía cuando el que escribe estudiaba el Bachillerato, y de eso han pasado ya muchos años. Dado que se han establecido vetos a la exportación rusa en respuesta a la guerra que han provocado, los canales comerciales se han roto. Se han cumplido las profecías de los simples: a menos oferta, si la demanda se mantiene, escalada de precios y escaseces de alimentos en quienes no los pueden pagar. La segunda dice: las personas mayores y la infancia serán los mayores damnificados. Ver lo que dice Unicef.

Quienes quieran entender mejor lo que aquí expongo que entren en el International Food Policy Reseach Institute, que titula de una forma clara su artículo: De mal en peor en el asunto de la seguridad alimentaria. Incluyen una comparativa entre la crisis de 2008 y la de 2020. Habla de la diversidad de factores que motivan la percepción de que la crisis alimentaria se llevará por delante parte de los amargos recuerdos que nos dejó la COVID-19. Atentos a la falta de fertilizantes. Uno, que es ignorante, suponía que ese asunto estaba resuelto en los países ricos.

Los más damnificados serán los de siempre. Se adivinarían fácilmente, pero para evitarles pensar los citamos aquí: India, Egipto, Asia central y África sahariana, Mongolia, etc. En el artículo se recuerda que “muchas restricciones a la exportación no son prohibiciones absolutas, sino impuestos u otros costos de transacción que elevan los precios de las importaciones de productos básicos pero no las impiden per se”. Total, el efecto es parecido.

La UE, que tiene bolsas de pobreza, capea como puede por ahora las crisis. Pero el alza, entre otros, de los precios de los alimentos llevará a tiempos peores, a los que habrá que hacen frente con desembolsos comunitarios y personales ingentes. No se pierdan los pronósticos del Banco Mundial. Se me olvidaba: tampoco en España la seguridad alimentaria está asegurada, por ahora los precios de los alimentos han subido como la espuma. Los ricos protestan, los pobres (6 millones en riesgo y 2,4 con falta de recursos) tiemblan.

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