El gas consumido como moneda de pago ético

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Las atrocidades que están cometiendo los proyectiles rusos se difuminan en el gas consumido por las economías europeas de la UE, que tantas amenazas han lanzado contra la economía rusa. En casos como este, el pensamiento, por más altruista que sea, no da de comer, no mueve la industria ni los transportes, no incrementa las cuentas de resultados de las grandes multinacionales. Por cierto, algunas de ellas se están enriqueciendo a manos llenas con la guerra y sus consecuencias.

En bastantes ocasiones, la sociedad que pretende ser ética se mantiene sin caer a plomo a costa de mirar hacia otro lado cuando el espectáculo la contradice. Pero el asunto no es sencillo. Planteemos la siguiente hipótesis: se celebra una consulta popular en los países de la UE. Solo con tres cuestiones: A su juicio: A. Se debería priorizar el mantenimiento económico, o el crecimiento del PIB, de su sociedad; B. Habría que renunciar al consumo de gas ruso aunque supusiese posibles desgracias (los precios más caros, imposibilidad de viajar en determinados casos, cierre de muchas industrias, aumento del paro, etc.); C. No sabe, no contesta. Es posible que el resultado no fuese favorable a la segunda posibilidad. Quien busca la verdad corre el riesgo de encontrarla, vino a decir alguna vez Manuel Vicent. La ética no es una amiga permanente; si lo fuera no fallaría cuando más necesidad tenemos de ella.

Demos tiempo al tiempo. La ética global y sostenible, ahora con mil caras y adornos, se materializa en dineros a nada que nos descuidemos. Pero mientras el cielo se derrumba sobre nosotros, explórense todas las posibilidades para mantener una ética global de la que nos sintamos un poco más orgullosos. No vaya a sucedernos aquello que temía Jean Paul Sartre: Como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad.

 

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