Los girasoles maldicen la guerra en Ucrania

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Parece ser que los rusos del presidente Putin, con su manía de ampliar su ancho territorio y otras razones ideológicas o no sé de qué tipo, le han declarado la guerra a los girasoles ucranianos. Aunque sea indirectamente, por ahora no tenemos noticias de que los bombardeen, están impidiendo que los girasoles ucranianos, más bien su aceite deleiten los paladares de mucho gente de todo el mundo. 

En su vuelta alrededor del Sol la tierra ucraniana, como todas verá un «giro aparente» de la luz solar de este a oeste. Pero no solo sus habitantes lloran sus penas; los girasoles habrán sufrido de lo lindo, no sabrán dónde mirar, no sintonizarán con la imagen de su entorno, como si se hubieran quedado ciegos. Esto me trae a la memoria el poema Los girasoles ciegos, aquello que escribía Antonio Machado y según entendí surgía de una metáfora de la Biblia que aludía a la desorientación de la humanidad.

Un gran despiste notará durante bastantes años la economía de ese país, que es la suma de la despensa emocional y material de cada uno de sus habitantes. El asunto pone al descubierto la interconexión de las economías, lo poco que puede valer ser un gran productor de algo. Los vecinos pueden tener envidias; de estas dicen que hay varias en la invasión rusa. Todo el país quedará en bancarrota y los demás sufriremos temblores, qué decir de los países pobres…Porque las guerras destruyen todo a su paso. Al escribir esto he actualizado mi conocimiento de Alberto Méndez, un gran autor oculto para la literatura conocida, que también compuso sus Girasoles ciegos, plenos de pequeños detalles. Supo componer un canto a la dignidad de la gente sufriente de la Guerra Civil de España. Esta controvertida estampa, un girasol ciego tiene un oscuro porvenir, la llevó al cine José Luis Cuerda en 2008, con intérpretes de la talla de Maribel Verdú, Javier Cámara y Raúl Arévalo entre otros. Pero parece que la película no estuvo a la altura del libro. En esto de plasmar con palabras los sentimientos ciegos o quemados en una guerra me pregunto cómo pintaría Vincent van Gogh, con una mente tan compleja, los girasoles ucranianos? Bueno, a lo que vamos.

En grandes cifras, Ucrania exportaba el 46 % del total mundial de aceite de girasol en 2019. Ahora ya no, está guerra  ha provocado que el precio de la botella de aceite se haya puesto por las nubes en toda Europa. También lo notarán todas las conservas, sardinas y atún por ejemplo, en la que el poder conservador del aceite es fundamental y otros muchos.  Además, si los ucranianos no exportan su cosecha, y los rusos (2º país exportador) se ponen chulos esto se complicará. De hecho, entre los dos países suministran las dos terceras partes el aceite de girasol globalizado. En los supermercados españoles ya notan el acaparamiento de algunos consumidores; dicen que algunos países van sufren desabastecimientos o colapsos publicitados. 

Pero no solo la guerra está en guerra con este producto. El encarecimiento global de muchas materias primas nos puede colocar a todos en el preludio del colapso, o acaso es un intermedio de no se sabe qué. Todo esto nos sirve para valorar si la dependencia de los demás, aunque el comercio mundial explote a algunos países poco poderosos, nos hace más libres. Aquello de la globalización era un globo sonda que ha resultado maléfico. Al final nos condujo al «aparheit» planetario según expresaba Jorge Riechmann, uno de los grandes pensadores de nuestro tiempo.

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