El agua olvidada en un mundo convulso

Publicado el

El título de esta entrada está casi copiado de una obra literaria. Quiere llamar la atención sobre el agua que somos. Necesitamos llenar nuestro diario del agua, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, en cualquiera de las actividades de trabajo u ocio. Por eso se verá que la relacionamos con todas las categorías de este blog. No llueve y los embalses están casi vacíos, como retándonos al olvido que seremos por no saber recordar.

Según parece, en la mitología griega, a quien moría le daban a elegir antes de volver a nacer dos posibilidades: beber de un río que le proporcionaba el olvido absoluto de su vida anterior y el otro le otorgaba la posibilidad de recordarlo todo. Habida cuenta del riesgo en que nos encontramos en relación con la disponibilidad del agua cabe preguntar algo parecido a cada una y a todas en conjunto de las personas: nos olvidamos del pasado y presente de nuestra relación con el agua o mejor recordamos todo lo pasado para sostener un futuro menos incierto. 

Desde muchos lugares se nos lanzan mensajes que nos recuerdan el riesgo de los olvidos. Hoy mismo, 22 de marzo, se celebra el Día Mundial de las Aguas, en plural porque aguas hay muchas, con diversos usos, en formatos más o menos útiles para nosotros, en el planeta de las aguas que es la Tierra. Lo sabe bien quien se crió en la estepa monegrina, en donde se adoraba el agua por su escasez. Las generaciones posteriores habrán bebido otras aguas, pero siempre quedará en el recuerdo las balsas donde se recogía el agua de lluvia, siempre escasa, para beber. Atrás quedaron las novenas y la canción infantil que imploraba que lloviese a la Virgen de la Cueva.

Por entonces nada se decía de esos 60 litros por persona y día como derecho humanoLa ONU viene publicando cada año sus informes esos que nos dicen cómo va evolucionando el derecho, que todavía no disfrutan cientos de millones de personas Hay que leerlos y saborearlos para entender el agua que fuimos y podemos ser.

Agua de Alfonsina Storni, que veía «Elásticos de agua mecen la casa marina. Como a tropa la tiran. La tapa del cielo desciende en tormenta ceñida: Su lazo negro. Vigila. Asoman en la tinta del agua su cabeza estúpida las bestias marinas». Agua para no olvidar. Como aquella agua cortesana de la que hablaba Juana de Ibarbourou: El agua tiene un alma melancólica y suave/ que en el lecho arenoso de las ondas solloza,/ atrae, llama, subyuga. ¡Dios sabe si la nave/ que naufraga, en sus brazos de misterio, reposa!

Agua de ayer y de hoy para no olvidar ni a los que la despilfarran ni a quienes no la tienen ni para satisfacer sus necesidades básicas.

Leer el artículo completo en el blog La Cima 2030 de 20minutos.es.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ecos de Celtiberia