Secuelas de la invasión de Ucrania entran en las aulas

Publicado el

Las guerras se tendrían que describir siempre hablando de damnificados. Una guerra es el resultado de una maldición sostenida por el odio y el rencor, dejando atrás olor a muerte y destrucción. Así lo poemó Cecilia con su canción Una Guerra. Quienes conocimos todavía algunas ascuas emocionales de la Guerra Civil española vemos reflejadas en las caras de mujeres y niños ucranianos a nuestros padres y abuelos.

Ucrania no vive, por ahora, una guerra civil sino la invasión de su país. Al menos tienen un enemigo externo en quien pensar, y eso les descarga un poco las aflicciones. Si sobreviven lo harán a costa de muchos pesares, de sangres perdidas, de honores heridos en tierras crueles sin laureles. Otra vez Cecilia poniéndole palabras a las lágrimas lloradas de la Guerra Civil española con Un millón de sueños. Eso es una buena forma de definir lo que es una guerra. 

Seguro que, aunque sea de manera espontánea, la invasión de Ucrania por parte de Rusia se ha acogido en las escuelas españolas. Lo habrá hecho seguramente con más intensidad en las clases de Historia en Secundaria y Bachillerato. Sus lecciones no se cierran con el eslogan de «No a la guerra». Merecen un cuidadoso diálogo.

En cualquier caso, el profesorado que la haya incluido en sus clases habrá tratado de no cargar las tintas en el número de fallecidos. Más que nada para proteger las emociones. Por ahora, televisiones y consolas nos muestran mucho más el desastre social de quienes tratan de huir del peligro que el sofisticado armamento bélico. Lo que pasa se entremezcla con lo que puede suceder, amenazas nucleares por ejemplo.

Se trata de atrapar el tiempo. De comentar con el alumnado, cada cual como mejor sepa y adecuando los detalles a la edad de quienes reciben el mensaje, que odios y rencores han organizado una parte de nuestra historia; forma cruel de construir los países. Leí que una compañera del instituto había planteado un ejercicio de dilemas morales sobre la guerra. Había una pregunta que me ocupa ahora mismo: ¿Qué pasará después de esta guerra, cuando más o menos se silencien las bombas? En esta guerra vemos buenos y malos, no hay duda. Pero en cualquier análisis educativo no deben faltar personas que sufren por haber perdido buena parte de los derechos humanos. 

Las guerras no son solamente cosa de militares. Hay que hablar en la escuela de las «no paces» que llevan a las guerras. Los olvidos de la paz anidan más en aquellos países que no la cultivan, que en sus escuelas no enseñan el respeto a los diferentes, que se obsesionan con dar demasiado valor a banderas e himnos, a hablar de un patriotismo excluyente, a resaltar el valor del color de la piel, a denigrar a los emigrantes, a relatar la Historia de los gobernantes en lugar de la microhistoria de la gente común,  que no hablan de cuantos perjudicados cuestan cualquier victoria bélica (siempre serán derrotas de algo). En la enseñanza escolar primaron durante mucho tiempo las victorias como contenido. Ya va siendo hora de hablar de las consecuencias humanitarias, entre ellas la negación de la educación, que ocasionan los conflictos bélicos. Hay que dar sentido crítico a la imágenes televisivas; no son parte de un cíberjuego.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ecos de Celtiberia