Las incógnitas pandémicas de la vuelta a las aulas; otra vez

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Toca reanudar las clases. Los temores vuelven a las aulas. Lo que pensábamos allá por finales de noviembre que iba a ser una sencilla fase del curso escolar se ha convertido en una aventura de incierto tránsito y sin final programado. 

Ahora, las comunidades educativas (profesorado, alumnado, familias y administración) se encuentran con unos miedos crecientes. A pesar de todo lo surgido últimamente, parece ser que poco o nada va a cambiar en la organización educativa, como no sea la «obligatoriedad» de portar mascarilla en todos los lugares del centro educativo, recreos incluidos. Además de la progresiva vacunación de 5-12 años. Y las ventanas abiertas, aunque la temperatura del invierno no acompañe. Similares protocolos en las universidades, si bien algunas materias tienen parte presencial y otra telemática.

La educación es un derecho que no se puede dejar a la consideración de los muchos imponderables que la condicionan. La mayor parte de los especialistas en pedagogía y salud recomiendan volver; los sectores económicos no digamos, debido a las incomodidades que suponen las faltas laborales por atención a los hijos. Sin embargo, reconocidos divulgadores de aire y salud ponen sus «peros», entre ellos el «insistente» José Luis Jiménez al que le debemos que nos diera a conocer, también a a la OMS, la contagiosidad debida a los aerosoles. Surgen preguntas varias: ¿Cómo se asegurará la buena calidad del aire?, ¿Las administraciones educativas han preparado a los centros para que no deban pasar los rigores del año anterior? Algunos vaticinan una eclosión de los contagios por ómicron vía escuela y familias.

Ha transcurrido tiempo suficiente desde que empezó todo para haber adaptado los centros escolares a la previsible eventualidad de que la COVID siguiese entre nosotros. De esta forma se hubiesen eliminado una parte de las prevenciones de las familias, de los miedos y angustias del profesorado, de los riesgos para el alumnado en forma de contagios o pulmonías. De ambas cosas se dice que habrá.

Toda la comunidad educativa, de forma especial los equipos directivos, dio un ejemplo de compromiso y disciplina el año pasado. Se merecía volver a clase con menos incertidumbres, ahora que ataca ómicron. Hacerlo con unos protocolos rigurosos, de acción rápida; algo más que la cuarentena del aula cuando se lleguen a 5 infectados. ¿Cómo se encontrarán por entonces el resto del alumnado y lo que se haya podido desarrollar fuera de las aulas si se cuenta cinco simultáneamente o progresivamente?

Sabemos que es muy difícil controlar todo esto, nos consta la preocupación de las administraciones educativa y sanitaria. Por eso, estas deberían desplegar, además de acciones contundentes, una pedagogía variada para encontrar la complicidad de todas las comunidades educativas. Casi seguro que necesitarán muchos más recursos. Suponemos que lo tendrán previsto. ¡Suerte en esta incógnita andadura! Ya es hora de reducir tensiones porque el cansancio se acumula, especialmente en los equipos directivos y en el el profesorado que debe desdoblarse en atenciones múltiples.

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