Y se hizo la luz

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Estamos en tiempos de génesis, casi con mayúscula como en la Biblia. De allí hemos copiado el título del presente chispazo. La luz exterior como resurgir interior; no digamos ya como estética metafísica y a la vez teológica. Así dicen que la veía la gente de la Edad Media, así la pintó fra Angélico y no fue el único. Luz como belleza pero a la vez como anuncio de un deseo de felicidad. Necesario en estos tiempos de desgracias varias. Luces y sombras que alternándose nos dibujan la vida.

En lo que contamos no ha intervenido ninguna deidad, sino los gobernantes de las ciudades que se han iluminado a raudales. ¿Acaso viene el renacer tras la pandemia que nos dejó a oscuras? ¿O es queremos enfadar al recibo de la luz que crece sin cesar y amenaza con dejarnos en una oscuridad permanente? Luces para alargar el día que fue corto pues el invierno está cerca en el Hemisferio Norte y se alarga la noche. Luces para captarlas con el móvil e intercambiarlas con nuestros allegados y competir en felicidad. Sería interesante conocer los miles de millones de WathspApp  que nos enviaremos con las luminarias como protagonistas.

Luz que choca con los objetos y nos viene reflejada para enriquecer nuestra percepción de aquello que de otra forma podrá pasarnos desapercibido. Será eso lo que sucede cuando vamos por la calle comercial resplandeciente, un mes antes de que se celebre la Navidad. Porque en estas fiestas debe abundar la alegría iluminada y los regalos engrandecidos por la luz, que nos miran como diciendo: mes ves, yo te veo y puedo ser tuyo. Aunque algunos pierdan parte de su encanto al liberarlos de su envoltura.

Llegaron alcaldes iluminadores, en España su paradigma sería el de Vigo, y embellecieron el cielo comercial. Pero no se quedaron cortos los de Madrid o Sevilla que encendieron sus candelas en el centro para reclamar que sus habitantes lo visitasen ya antes del viernes negro, ese que se inventó para los monederos sin cierre firme. Todas ciudades quisieron ser las de la luz, antes era un privilegio de París. Eso sí, los ediles convocaron a sus ciudadanos al acto de encendido y les explicaron que no se trataba de un despilfarro lumínico, cosa criticable con los actuales precios de la luz, pues se habían instalado millones de leds en lugar de las clásicas bujías. Como aquellas 35 que tanto impresionaron al poeta Pedro Salinas.

La iluminación de un mundo nuevo, percibido, y el camino para salir de las oscuridades. ¿Será cierto? Educados en la potencia de la luz no podemos prescindir de ella. Luz y consumo como génesis de vida. Mundo iluminado que nos traerán los satélites de la NASA con sus fotografías y con los  que nos guiaremos para reconocer los territorios ricos frente a los enclaves pobres. En nuestras casas también habrá una explosión de luces,  alumbradas cada vez con una electricidad más cara. Siempre nos gustan; ahora las necesitamos para aparcar desgracias y sentimientos pandémicos. La vida es grandiosa en sus contradicciones, como apreciamos cuando viene el recibo mensual. Pero, ¿quién no da bien empleados unos euros en iluminarse un poco la vista, la vida?

¿De dónde vendrá la luz? ¿O la llevamos dentro y estos días nos sale del alma? Que al menos nos sirva para ver nuestros pensamientos y aprovechar los que sean más lúcidos y sanatorios. Y que duren mucho, más allá del apagado de las luces navideñas. 

4 pensamientos sobre “Y se hizo la luz

    Joaquin dijo:
    29/11/2021 at 19:38

    Como siempre, Carmelo, tu comentario con esa pizca de ironía que trata de «sacar a la luz» las contradiciones de alcaldes iluminados, que compiten en el derroche de una luz brillante pero artificial y que encandilan a muchos de sus conciudadanos cuando no son tiempos de derroche de energías, son tiempos de encender la luz interior que nos indica el Adviento. Salud.

    Easantafe dijo:
    06/12/2021 at 18:47

    Muy bonito, gracias Carmelo, feliz y luminosa entrada en 2022. Salud, paz y prosperidad

      EcosDeCeltiberia respondi:
      07/12/2021 at 11:10

      Lo mismo para quienes miran en el espejo social para comprometerse en mejorar las imágenes vitales de los demás

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