Pesadumbres de la pasión electrónica en tiempos de cambio climático

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Más de una vez me sucede que miro al horizonte mundial y de allá lejos viene Orwell resucitado y aumentado; también se aprecian las siluetas de otras mujeres y hombres que le dieron vueltas al asunto de pensar. En esta ocasión me cuenta, o me imagino, que una maraña electrónica ha capturado nuestras mentes, casi de manera universal. Las puertas de la inteligencia y el pensamiento están continuamente abiertas. Por allí se cuela todo. 

Me avisa de que la araña tejedora de Facebook, cual Gran Hermano, se ha aliado con trece universidades y centros de investigación para desarrollar el proyecto Ego4D”. ¡Vaya nombrecito más aparente! Con su desarrollo, si tienen suerte y dinero (esto parece que les sobra), construirán algo que logre enseñar a las máquinas a entender lo que ve y escucha, como si fuera uno mismo. Mas bien que uno deje de serlo. Algo así como si nos quitasen los ojos, oídos y lo que es peor: el pensamiento autónomo. Cuando leo cosas de este estilo me acuerdo de aquella la frase de Juanjo Millás de “llevar la  cabeza en el bolsillo”, o tenerla encima de la mesa o en el bolso; a veces pegada permanentemente a las manos. Incluso he visto a algunos bebés ir en sus carrito jugando con el móvil, en lugar de tener en la boca el chupete para entretenerse. Así empiezan a sujetarse a la maraña electrónica. Me digo: ¡vaya penuria!

Porque pasión rima con apasionados-as pero también con padecimientos. ¿Cómo mantener la coherencia?

Con más frecuencia de la debida me pregunto si esto de la dependencia electrónica será bueno para el devenir ecosocial del año 2030. Y en el caso de que así sea, si servirá para que el medioambiente y sus habitantes reduzcan una parte de sus problemas. Por eso, desde mi humilde despiste me atrevo a pedir a los gigantes de la electrónica que van a construir esos programas tan «inteligentes» que consideren también la posibilidad de que los aparatos, los chips y los algoritmos apuesten por la sostenibilidad social y natural: antes, durante y después de su utilización. Total, unos cuantos algoritmos más. Aun así nos nublarían las mentes, pero al menos el rastro que dejamos en asuntos como el cambio climático, que está de promoción estos días, se aminoraría. Por cierto, se me nubló el horizonte y no veo a Orwell pero sí a otra gente que quiere conservar la facultad del pensamiento no electrónico, por más que esté sometido siempre a errar e ir contracorriente y le genere alguna pesadumbre que a lo mejor el algoritmo le solucionaría. Habría que ver en qué dirección y con qué sentido.

Leer artículo completo en blog La Cima 2030 de 20minutos.es.

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