Medioambiente saneado como derecho humano

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El Consejo de Derechos Humanos de la ONU acaba de aprobar una resolución que reconoce que “vivir en un medio ambiente sin riesgos, limpio, saludable y sostenible es un derecho humano sin el cual difícilmente se pueden disfrutar de otros derechos, como la salud o incluso la vida”. Hay que congratularse de esta decisión. Sin embargo, en el texto no queda totalmente explícito que no tenemos ese derecho por ser nuestro el medioambiente sino por formar parte de él. Por tanto, habrá que extender ese derecho al planeta en su conjunto y a cada una de sus biodiversos habitantes.

Los derechos humanos se ejercitan en interacción con todos los pobladores de la Tierra, vivan donde sea y ocupen un estadio u otro en el entramado de la vida. Si se desea construir un mundo que se articule con el disfrute universal de cada uno de los derechos humanos, incluidos algunos tan prioritarios como la salud y la vida, solamente puede conseguirse en el contexto de una ecodependencia amigable, dedicada en primer lugar a cambiar interpretaciones erróneas del uso del espacio y a restaurar desastres previos, a valorar que el medioambiente es una interrelación compleja. Decir saneado significa no estar expuesto a alteraciones graves inducidas por la acción antrópica. Hecho que sí sucede ahora.

Lo saben bien quienes no disfrutan de esos beneficios. El pasado 16 de octubre la FAO lo dedicaba a recordar que la alimentación también es un derecho. Señalaba que más de 3.000 millones de personas, casi el 40% de la población mundial, no pueden permitirse una dieta saludable en un medioambiente que muchas veces les resulta poco acogedor, o está muy deteriorado. Salud y vida se construyen en correlación con la alimentación, además de otros vínculos. En su Web se puede leer que «También deben considerar los diversos vínculos existentes entre las áreas que afectan los sistemas alimentarios, incluida la educación, la salud, la energía, la protección social, las finanzas y demás, y hacer que las soluciones encajen. Y deben estar respaldados por un aumento considerable de la inversión responsable y un apoyo enérgico para reducir los impactos medioambientales y sociales negativos en todos los sectores, especialmente el sector privado, la sociedad civil, los investigadores y el ámbito académico.» Ojalá podamos decir dentro de un año que ha habido avances significativos.

Leer artículo completo en el blog La Cima 2030, de 20minutos.es. 

 

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