El examen de la educación española en 2030

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Es un año tan nombrado en todo el mundo que parece que tras él comienza una nueva era. ¿Quién sabe? Por lo que afecta a España, además de otras muchas transformaciones ecosociales y económicas pendientes, debería suponer la consolidación de una educación diferente, desde la Primaria hasta la Universidad. Deberíamos llegar a ese año con las hechuras firmes. Sin embargo, estamos contemplando que las variables ecosociales hasta ahora se «resuelven» con argumentos frágiles, basadas sobre todo mercadotencia. Señal de que falta una lectura crítica y un debate reposado sobre lo que significa el Espacio Europeo de Educación para 2025.

En 2030 y en los años siguientes no habrá sociedad posible, entendida en sus interrelaciones favorables, si la educación no se toma en serio. Recordemos que la educación de calidad es uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS. 4). En torno a ella se nos ocurren proyecciones transformadoras tan delicadas como el respeto al prójimo, las crecientes desigualdades, lo que suponen unos derechos humanos universales, la pertenencia a un conjunto multidiverso, la ecodependencia social, el complejo mundo de las emociones, las variables vitales ligadas al cambio climático, las incertezas que van y vienen, etc. 

Lo exige el mundo cambiante actual; no podemos anclarnos en la escuela de hace décadas. Pero por ahora, nuestros representantes políticos se enfrentan por casi todo y desatienden la educación para 2030. No es una escena nueva. Cada vez que se quiere revisar la Educación, suponemos que para mejorarla, se origina una esporádica tragedia nacional en forma de ideologías contrapuestas, que poco tienen que ver con el sentido social y transformador que le sería propio. Pasa ahora con la Lomloe, la reforma educativa que corre el riesgo de no llegar al año 2030. Nos gustaría tener una visión renovada de lo que sucede en otros países.

Podrían reflexionar si para esa fecha no sería más conveniente darle alguna vuelta a aquello que afirmaba Emilio Lledó sobre el hecho de utilizar la bandera ideológica como única señal para educar, de que lo que consigue es entorpecer el futuro de la generación. Apostillaba que valdría más tener como referencia una enseña bordada con hilos de “de justicia, de bondad, de educación, de cultura, de sensibilidad, de amor a los otros, de los que formamos parte nosotros”. En todo el mundo se espera mucho del año 2030, si se llegará a él por la pasarela de la ética global. ¿Quién sabe si en España lograremos superar el examen?

Ver artículo completo sobre esta cuestión en el blog «La Cima 2030» de 20minutos.es

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