El precio de la luz y sus componendas vs la pobreza energética

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No llegamos a entender casi nada de lo que tiene que ver con la energía que consumimos en nuestras casas. Tampoco con la que utilizamos para movernos. La ignorancia sale cara porque quienes manejan los hilos en el mundo sí que saben qué hacer con ella y cómo vendérnosla. Porque aquí se trata, como casi todo de la vida actual, de comprar y vender, de mercados y mercaderías, de productores y consumidores, de quienes pueden pagarla y de los que sobreviven a su pobreza energética. 

Llegó el verano y el precio de la luz se puso por las nubes; no sabemos hasta dónde llegará. El lema «apaga la luz» describe a las claras la necesidad de regular nuestros consumos, para que no nos electrocuten la economía doméstica. Dicen que todo se debió a maniobras de las grandes operadoras mundiales de combustibles como el gas y otros asuntos como la compensación por el CO2. Como es cosa internacional poco se puede hacer, justifican algunos que dicen saber.

La gente corriente, que no entiende de los manejos internacionales, ve dispararse el precio de la luz a la vez que los parques eólicos y huertos solares inundan el territorio español. Se dijo que las energías renovables daban independencia energética, que los precios se abaratarían. El mapa de la energía renovable en Europa crece sin parar. Pero el axioma se rompió de pronto y nada es como nos lo venden. La credibilidad ciudadana desciende a la vez que el compromiso con la reducción del consumo, si se puede pagar lo que nos venden. En muchos hogares han puesto en marcha el avisador eléctrico para que les diga cuándo deben poner el lavavajillas, la lavadora y otros electrodomésticos. ¿Y aquéllos que precisan una conexión permanente?

Echemos un vistazo a los gráficos de EOM. En el primero se puede ver la evolución de precios de la electricidad puesta en los hogares en algunos países desde el año 2008 al 2020. En el de más abajo aparece el desglose del precio: qué porcentaje paga cada país europeo por la energía consumida, la red que la conduce, su suministro, impuestos, tasas y cargos. Aquí se observan unas enormes disparidades, tanto en el precio del kilovatio-hora desde 0,27 de Rumanía hasta 0,12 de los Países Bajos como en los porcentajes de cada partida. Desconocemos si la causa viene de la mayor o menor generación nacional (compárese con el mapa al que hacemos alusión aquí), de las características de la red, de las políticas impositivas o de que en algunos países piensan que la luz asequible para toda la ciudadanía es un derecho universal.

Podríamos buscar el país en el que más porcentaje supone cada una de las partes, contraponerlo con el que menos. Quizás encontremos razones que lo expliquen. La realidad es que vivimos presos de las maniobras comerciales y de las reglas reguladoras de los respectivos gobiernos, seguramente presionados por lo monopolios eléctricos. Mientras tanto, el ciudadano es el pagano, da igual que sea rico que su renta esté por debajo de los niveles de exclusión social. ¡Cómo lleguemos en este plan al invierno! La pobreza energética es una amenaza creciente sin respuesta contundente. Por cierto, la luz batió ayer otro récord histórico en el mercado mayorista. Preparémonos para el siguiente recibo de la injusticia eléctrica. 

 

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