La dana que ha ahogado al oeste de Europa convive con los incendios de Siberia

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Las catástrofes naturales nos recuerdan que vivimos tiempos complejos. Alemania, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo padecen inundaciones y destrozos no vistos o recordados. Llueve demasiado en poco tiempo y los drenajes naturales se colapsan. Las causas son diversas, entre ellas la ocupación del espacio inundable por construcciones y la antropización general de territorios frágiles. También dicen las autoridades alemanas y la Presidenta de la UE que el cambio climático puede estar detrás, o al lado, de la virulencia de estos episodios. La comunidad científica tiene sus fundadas sospechas, como el hecho de la alteración de la corriente en chorro o el aumento de la temperatura global, cada cierto tiempo alumbra nuevos estudios para certificarlo. Se avanza que va a haber una reflexión sobre esta amenaza. La Canciller Merkel ha prometido reparar lo destruido. Esperemos que no lo dejen tal cual estaba antes porque la repetición está servida.

Al mismo tiempo arde la región siberiana de Saja-Yakutia, allí donde lo normal es que haya temperaturas bajas casi todo el año y moderadas en verano pues el territorio está dentro de los límites del Círculo Polar Ártico. El calor registrado este mes no tiene precedentes. Yakutsk, a más de 8.000 kilómetros de la capital rusa y que en invierno roza los 50 grados bajo cero, ha estado a 35 grados. Incluso la zona se está calentando 2,5 veces más rápido que la tasa promedio mundial. Hasta ahora han ardido más de millón y medio de hectáreas. Los incendios han existido siempre como alternancia natural de los ciclos de la biomasa, pero no con la dimensión y recurrencia de ahora.

Humos y más gases dificultan la vida de allí pero es que el deshielo del suelo, permafrost, por el calentamento global y la desaparición de las masas vegetales es una amenaza al clima mundial. El metano retenido en los suelos helados se liberará, añadiendo nuevos incentivos al inquietante cambio climático, a la crisis ambiental que tenemos ya presente. Y lo peor es que arde por los cuatro costados la Siberia rusa. Hace poco se quemó el NO americano y otros lugares. Así crecen los temores de que los episodios se repitan.

¿Qué podemos hacer? Para empezar creernos de verdad la influencia antrópica como generadora de la crisis climática. A continuación cambiar nuestro estilo de vida para no echar más fuego al problema, que también nos trae danas erráticas que descargan donde antes eran desconocidas. A la vez respetar los caminos del agua, que libre como quiere sentirse siempre no entiende de daños provocados sino que busca sus itinerarios ancestrales.

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