El apetito cárnico atraganta hasta al planeta

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La vida es extremadamente compleja. Se pudo constatar hace unos días cuando una declaración del Ministro español de Consumo recomendaba la reducción del consumo de carne por su relación con problemas de salud de las personas. Originó un aluvión de críticas. Vertía varios comentarios reflexivos sobre la alimentación, a la vez que aportaba sugerencias no muy diferentes a las que desde hace años recomiendan la OMS y organismos y entidades diversas de reconocido prestigio científico; también la mayoría de nutricionistas. Pasados unos días merece la pena volver a ellas.

En primer lugar porque fueron tomadas como un ataque al sector comercial y ganadero. Me da la impresión de que quienes así lo vieron no atendieron al discurso completo, diseccionando cada parte para analizarla bien. Es imprescindible porque mejora la convivencia colectiva.

Digamos de entrada que la necesaria crianza ganadera es muy variada. En ella no habrá solo vacuno, de donde parece que procedía un chuletón alabado por el Presidente del Gobierno español para defender el sector. Debería haber concretado si su defensa iba dirigida a la ganadería extensiva que muchas mujeres y hombres practican con profesionalidad en la España vaciada. Con sus iniciativas agroganaderas pequeñas o medianas realizan un ejercicio de custodia del territorio cuyos beneficios sociales y naturales trascienden fuera del espacio concreto. A modo de ejemplo serviría lo contado en «El campo es n(v)vuestro» de la Televisión de Aragón

Consumir una carne de cercanía de esas explotaciones no tiene comparación con esa elaborada en las macrogranjas estilo EEUU, en las que no faltan incentivos medicinales supuestamente peligrosos. O la procedente de Sudamérica criada en extensas zonas deforestadas, por ejemplo la Amazonía, que tantos daños ambientales provoca en suelos, acuíferos y aire. Además deja de lado a los pequeños campesinos de allí. Así no asfixiaría a las otras y facilitaría que el conjunto ecosocial se pueda ir gestionando para las generaciones futuras.  Algo de esto de consumo de carne y salud de las personas se decía en el Plan para la España 2050 del Gobierno, que el Presidente prologaba curiosamente con «España: un país con hambre de futuro».

Ojalá las manifestaciones del ministro Garzón, se vean o no oportunas, sirvan para impulsar la sosegada búsqueda de una sociedad informada en su nutrición y alimentada más equitativamente en conjunto. Además, tal que reflexiva se puede convertir en cuidadora del Planeta. Pero claro, quién se mete en estas controversias. Es mejor disimular o lanzar cortinas de humo. Aplazar la respuesta sine die, transferir los problemas presentes al futuro. 

Leer artículo completo en el blog La Cima 2030 de 20minutos.es. 

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