Corresponsabilidad comprometida ante la COVID-19

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Vivir con otros es un ejercicio complejo, que no se resuelve de la misma manera un día y el siguiente. Lo propio manda demasiado, a no ser que tengamos los cinco sentidos bien abiertos y un buen acopio de sentimientos, emociones y sensibilidad. A vivir se aprende porque se enseña en ámbitos familiares y escolares; a veces con el ejemplo en otras con el razonamiento. La sociedad también muestra detalles, a menudo contradictorios, de lo que conviene a todos o beneficia solamente a uno mismo.

La corresponsabilidad podría ser una capacidad para situarse ante los problemas propios o colectivos. La emergencias ecosociales se afrontarían desde dentro. Durante estos días dominan en los medios de comunicación noticias de desenfoques de responsabilidad. Afectan, entre otras, a las llamaradas del cambio climático: arde el NO de América del Norte o el petrolero Golfo de México, crecen las migraciones climáticas y parece ser que la temperatura global aumenta más de lo previsto. 

Debemos decir con pena que las crisis ecosociales no se arreglan apenas. El hambre mundial pierde los retoques de los últimos años, en muchos países se restringen derechos que costó mucho conseguir. Tampoco las relacionadas con la salud; ni siquiera aquellas en las que es evidente que la corresponsabilidad tiene efectos positivos casi inmediatos. Vemos con estupor conductas desarregladas de la gente con respecto a la COVID-19, en España y en el mundo.

El espíritu colectivo que creíamos haber potenciado en las escuelas y en las sociedades avanzadas se esfumó, o se diluye en lo particular con el tiempo. Sirvan como ejemplo las expansiones de parte de la gente joven que ahora provoca el aumento peligroso de los casos pandémicos. Las estadísticas los sitúan entre 15 y 40 años. Sin rubor, se autonombran los más perjudicados por las restricciones y desean liberarse de estampida. ¿Qué pensarán de ellos sus mayores, sanitarios, profesorado, trabajadores esenciales y un largo etcétera golpeado en la economía y la salud a lo largo de este año y medio?

En principio, sus maestros habíamos hablado de valores compartidos en la escuela democrática -muchos de ellos y ellas habrán cursado Educación en Valores o Ética-, las familias parecían estar en la misma sintonía hace unas décadas. Por lo que se ve, en ninguno de los dos ámbitos supimos enseñar con acierto el significado comprometido de la corresponsabilidad. Quizás pudo más la satisfacción rápida de los deseos individuales antes que la reflexión ética para ver si ciertos comportamientos particulares lastimaban la vida de todos. 

¿Quién sabe si no está detrás el desapego por el bien común que muestran ciertos iconos políticos o mediáticos? Sea por lo que fuere necesitamos la ayuda de la gente joven. Máxime en estos tiempos de tanta interdependencia. Usemos la pedagogía de lo posible, de lo necesario, para que se haga corresponsable de la mejora pandémica. ¡Qué bien haríamos en releer lo que manifiesta Adela Cortina sobre el ejercicio de la corresponsabilidad!, y llevarlo al debate público. También a los escenarios parlamentario y político.

2 pensamientos sobre “Corresponsabilidad comprometida ante la COVID-19

    Julián Guillén Maestro dijo:
    05/07/2021 at 13:32

    Pienso también que siempre en la historia ha sido necesario un liderazgo para sobrevivir y progresar en sociedad. Faltan líderes. De España ni hablo, ahora.

      EcosDeCeltiberia respondi:
      05/07/2021 at 14:56

      Totalmente de acuerdo. Líderes sólidos y ejemplares, con trayectoria demostrada de compromiso social

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