Aprender la ciudadanía global como estrategia de futuro

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Hace un par de meses fui invitado a participar en un encuentro que tenía como nexo de unión la función educadora de la ciudadanía global, manifestada en la forma de aprenderla y practicarla. Allí se dijo que lo que se pretendía con esa estrategia era la construcción permanente de ciudadanía, en este caso aragonesa, que fuese crítica y activa, que estuviese comprometida en la construcción de una sociedad más lejana, marcadamente global, pero en la que no faltase nunca la solidaridad, la justicia universal y la búsqueda de la equidad como camino para limitar las desigualdades.

Todo lo anterior surge en forma de un proyecto basado en alianzas entre el Gobierno de Aragón, Diputación Provincial de Zaragoza, Ayuntamiento de Zaragoza, Universidad de Zaragoza, la FAMCP y la FAS (Federación Aragonesa de Solidaridad) y cuenta con la colaboración de la Comisión Europea a través de la iniciativa “Global Schools”. Ese proyecto, marcadamente escolar pero no solo, coexiste con la Estrategia aragonesa de Educación para el Desarrollo y la Ciudadanía Global. En ella se han definido 26 líneas estratégicas (LE) y 61 medidas de acción (MA), estructuradas en seis ámbitos de actuación que suponen una vuelta ideológica a la atonía que observamos en el conjunto social. Tres abordan los compromisos educativo, social e institucional. Uno pone toda su énfasis en la participación, en la potencia de las redes y en el valor de la coordinación. El quinto se fija en la imprescindible formación de todos los agentes implicados. No falta uno dedicado a los supuestos metodológicos que harían más eficaz el proyecto y valorar posibles cambios. El tiempo nos dirá si el trayecto fue fácil, si los cambios cualitativos en las personas de aquí ayudaron en algo a mejorar el mundo de allá.

El anterior es un ejemplo de lucha contra las desigualdades. Se conocen otros muchos en España y en el mundo, impulsados por ONGs muy conocidas o entidades diversas, grandes y pequeñas. Ante la creciente intransigencia y barbarie -jaleada en Europa y en España por partidos políticos con evidentes carencias democráticas y medios de comunicación tergiversadores de la realidad- hacia los diferentes, extranjeros, inmigrantes o menores sin respaldo social, etc., ¿quién se atreve a asegurar que no se puede hacer nada o que ya está todo dicho?

La estrategia contra la inequidad se puede llamar Educación para la Ciudadanía Global, y a veces lleva el añadido de Desarrollo, que se hace visible en forma de ayudas y compromisos con gente de otros países que nos siguen mirando con envidia pero también con algo de pena, sobre todo por cómo somos. Ahora es más necesaria que nunca esa ciudadanía global que a menudo nos interroga. Si alguien se esfuerza llega a aprenderla y entenderla, a practicarla finalmente.

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