España sufre una creciente calentura a la vez que aprueba una Ley contra el cambio climático

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Por fin, a pesar de los pesares, con más de diez años de retraso, se ha aprobado en España la Ley de cambio climático y transición energética. En principio supone una asunción de compromisos en el marco de una política global de la Unión Europea, que siempre va lenta pero es mucho más sensible al cambio climático y más favorable a la transición energética hacia la descarbonización que la mayor parte del mundo. Ahora se trata de ponerla en marcha, de caminar sin dilaciones hacia los objetivos que se marca. Los plazos marcados son cortos o largos, depende de la pedagogía que sepa emplear el Gobierno y la acogida de empresas, agentes sociales y ciudadanía en general. Bienvenida sea, aun con sus envites poco atrevidos al decir de algunas organizaciones ecologistas. Ojalá signifique un punto de inflexión en la cultura económica, social y ambiental de España.

Algunos de los detalles de transición que aborda necesitan un impulso rápido, inmediato si me apuran. Al día siguiente de aprobarse la ley, la Aemet (Agencia Estatal de Meteorología de España) advierte de que España sufre de una calentura creciente pues la temperatura media se ha incrementado 1,3º C en apenas 60 años. Si seguimos así, esperemos que las medidas que la ley pretende implementar lo remedie, el aumento podría ser de unos 5º C hasta finales de siglo. ¡Una auténtica catástrofe! Bueno, muchas. A pesar del parón económico originado por la pandemia, la concentración de GEI no ha dejado se subir. Ojo al dato: 2020 fue junto con 2017 el año de temperatura media más elevado desde que se tienen registros fiables y completos. Esto es, desde hace unos 60 años.

Hay más detalles, además de los trastornos meteorológicos como pueden ser los ciclones o borrascas del año pasado. La salud ambiental, existe y se va deteriorando, afecta a la salud social y personal. Aunque solamente fuese por eso, todos necesitamos ponermos en tratamiento preventivo, o en cura de algunas molestias más o menos graves. Tomemos la naciente ley como el inicio de una auténtica política sanitaria ambiental, ayudemos todos (gobiernos, empresas, agentes sociales y ciudadanía) con nuestro compromiso a llegar en mejores condiciones a los plazos de salud que marca. Para ello habrá que cambiar ciertos estilos de vida, pero la salud bien merece algunos «sacrificios».

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