Ni la pandemia retrasa la contaminación del aire

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Suponíamos que la reducción de la actividad productiva, turística y de movilidad del largo año pandémico iba a reducir la imparable contaminación atmosférica. Lo decía también la proyección de Global Carbon Projetc. Pues no. Hace unos días se publicó un artículo, resumen de una investigación de la NOAA (Administración estadounidense que se ocupa de analizar lo que pasa por el aire) que afirma que los niveles atmosféricos de dióxido de carbono y metano durante 2020 aumentaron el relación con el año anterior. 

Los niveles de CO2 atmosférico son ahora los más altos en 3.6 millones de años. Pero es que además los niveles de metano (CH4) se dispararon en un récord de 14,7 partes por mil millones, el aumento anual más alto desde que comenzaron los registros en 1983. El metano es menos abundante que el CO2 en la atmósfera, pero su trascendencia en el efecto invernadero es casi treinta veces mayor, por la cosa del atrapamiento del calor. Detrás de esta última liberación están los eructos de las vacas hacinadas en macrogranjas, también contribuyen otros animales destinados a la alimentación, y puede que la liberación del metano que estaba atrapado en el permafrost que se está derritiendo por Siberia y otros sitios septentrionales.

El clima nos envía continuas alertas; unas hablan de peligros y otras de urgencias. Es como si estuviéramos hablando de la salud del aire. En este caso, lo virus y bacterias tienen origen antrópico. Hace días que está en modo pandémico. 

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