Las nuevas estaciones dejarían atónito hasta a Vivaldi

Publicado el

Nos ha inquietado una noticia que asegura que para el año 2100 el verano puede durar seis meses en muchos lugares del hemisferio norte. Cierto o no, seguro o posible, este hecho cambiaría por completo la distribución que hizo la ciencia en estaciones meteorológicas y astronómicas, estas más cercanas a la comprensión de la gente. Pobres estaciones, tuvieron un lugar preferente en la configuración del mundo, en el ritmo de la vida. Fueron protagonistas en la música, la literatura y la pintura; ordenaron la vida de los humanos, desde el neolítico casi seguro. Por cierto, nos quedaremos siempre con la pintura estacional de San Isidoro de León.

Hemos leído que un estudio realizado en China ha comprobado que el verano creció de promedio de 78 a 95 días entre 1952 y 2011, mientras que el invierno se redujo de 76 a 73 días. También se vieron afectados la  primavera, que se contrajo de 124 a 115 días y el otoño, de 87 a 82. Esto supone que primavera y verano comienzan antes y otoño y el invierno se retrasan en su consolidación. Parece ser que la región mediterránea será una de las más afectadas. 

Los agricultores hace tiempo que lo barruntan pues lo aprecian en los cambios fenológicos (la seguridad alimentaria pudiera afectarse si ocurren desajustes entre la llegada de los polinizadores, como las abejas silvestres, y la floración de las plantas agrícolas), los observadores de aves lo han escrito varias veces; la gente de la medicina lo ve en la salud general de la población. Hay investigadores que lo achacan al cambio climático pues los cambios se acrecientan cuando cambian exponencialmente ciertos parámetros que definen las crisis climática que tenemos por delante. Ya lo leímos en Nature en 2015. ¿Qué compondría ahora Vivaldi?

Siempre quedará el consuelo de la poesía sobre el verano: Machado, Lorca, García Montero, Rilke, etc., y también Emile Dickinson:

Una gota cayó sobre el manzano.
Otra sobre el tejado.
Media docena besaron el alero.
E hicieron cosquillas a las tejas.

Unas pocas salieron en ayuda del arroyo.
Que iba en ayuda del mar.
Yo conjeturé si fueran perlas.
Qué collar podrían formar.

El polvo se repuso, en caminos levantados.
Los pájaros cantaron más jocosos.
La luz del Sol se quitó el sombrero.
Los arbustos lentejuelas arrojaron.

Las brisas trajeron abatidos laúdes.
Y los bañaron en el júbilo.
El Oriente mostró una sola bandera,
Y entregó la fiesta.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ecos de Celtiberia