Brueghel, un precursor del fotoperiodismo crítico actual

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Las opiniones de la gente sobre los sucesos diarios están entre quienes piensan que nada de lo que acontece se repite y los que defienden que todo lo nuevo tiene un sabor parecido a lo pasado; no sabemos el porcentaje de indecisos en este asunto. Ese dilema me viene una y otra vez al pensamiento, se me despierta, cuando leo ciertos libros o miro algún cuadro, como es el caso de muchas obras de Pieter Brueghel, un contemporáneo de Felipe II que vivió los tiempos convulsos en los Países Bajos de entonces. Se dice que las pinturas de Brueghel, el Viejo, tratan los temas de lo absurdo, las debilidades y las locuras humanas, entre otros episodios de vida. Pero también que podía ser un humorista, por su carácter satírico y cómo plantea los enigmas de entonces.

En su pintura Los proverbios flamencos se plasman detalles de aquel tiempo que a la vez invitan a lecturas actualizadas, al entretenido ejercicio del desciframiento. Un personaje se ocupa de tirar plumas al viento, que es una manera de lanzar algo para que se expanda, quizás calumnias que después no se pueden recoger. Hoy mismo, se difunden por Internet reclamos peligrosamente interesados o directamente falsos, marcadamente individualistas y muchas veces insolidarios, aventados en forma de ondas que golpean a los sensatos o ensalzan a los conspiradores.

En La Torre de Babel algunos críticos ven una concepción mecanicista del mundo, apoyándose en una metáfora de la legendaria torre bíblica que acarreó la confusión de las lenguas, o el nacimiento de ellas. ¡Vaya paradoja! Se estructura mediante una superposición de plantas, un diseño en espiral del que se duda de su funcionalidad. No debe extrañar que haya partes que se hunden, un toque de atención hacia el orgullo humano, que muchas veces emprende obras alejadas de la razón. Porque Babel, al decir del relato del Génesis es el símbolo de una ambición, y el castigo divino consistente en confundir a los hombres por ser incapaces de entenderse hablando la misma lengua y debiendo compartir intereses. 

Aunque parezca atrevido calificarlo como fotoperiodista, no cabe duda que es un pintor de la condición humana, esa que nos hace permanecer en la duda permanente de la que hablábamos al principio, que también dejó patente Antonio Machado en su poema y Joan Manuel Serrat tan bien cantó. ¡Quién sabe si todo pasa o todo queda!, pero lo nuestro es pasar…

Leer artículo completo en La Cima 2030, de 20minutos.es.

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