Bíoarte en la museística naturaleza que está siempre abierta

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La naturaleza es algo así como museo sin estanterías ni cartelas, pues cada cual la interpreta a su manera. Ese escenario es cambiante, inabarcable, multiforme, con infinidad de estilos que se complementan o compiten. La naturaleza es arte en donde reina lo bío, ese distintivo que ha ganado presencia en la vida cotidiana. Todo lo que lo porta delante o detrás se asimila a lo natural, al menos esa es la señal que queda en nuestras relaciones sociales, a veces alejadas de la naturaleza que alumbró lo bío. Sin embargo, la asociación surge enseguida: si es natural será bueno, o saludable. Bío viene muchas veces pegado a los productos de consumo. Las marcas comerciales lo saben y lo explotan a su conveniencia; solamente hace falta girar una visita al supermercado para comprobarlo.

Pero aquí queremos verlo en su faceta de belleza, diseminada sin prejuicios ni tasa por toda la museística naturaleza, donde las salas no tienen paredes. Nos vamos a apoyar en un artículo de Francesc Miró que se publicó en elDiario.es en julio de 2017. Comenzaba con una explicación de una imaginada conversación de Voltaire con la naturaleza, de la que le asombraba que fuese tan bruta creando montañas y mares, pero a la vez tan minuciosa y detallada dando vida a animales y plantas. A semejante pregunta, la naturaleza contestaba: «¿Quieres que te diga la verdad? Me han dado un nombre impropio; me llaman Naturaleza, y soy toda arte». Aquí estamos y a eso vamos. Por todo esto y más escribimos un artículo sobre el bíoarte en el blog Ecoescuela abierta de El Diario de la Educación, para que los pasajes de bíoarte iluminen tanto la vida como algún proyecto educativo que explore la relación entre ambas ideas, aquí unidas pero siempre mutantes.

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