La nieve también tiene su día mundial

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El tercer domingo de enero suele dedicarse al Día Mundial de la nieve. Nos imaginamos que el asunto nacerá de algo relacionado con los deportes de invierno, con la promoción comercial de las estaciones de ski, pero se puede aprovechar para reflexionar acerca de  la atracción que ejerce sobre la gente; la alegría de ver nevar debe esconderse en recónditas tradiciones. Gabriela Mistral le dedicó un sentido poema en el que la llamaba divina criatura. Amado Nervo, en tiempos del modernismo, le escribió una jaculatoria que hemos de leer despacio y descifrar.

¡qué milagrosa es la naturaleza!
pues, ¿no da luz la nieve? inmaculada
y misteriosa, trémula y callada,
paréceme que mudamente reza
al caer… ¡Oh nevada!:
tu ingrávida y glacial eucaristía
hoy del pecado de vivir me absuelva
y haga que, como tú, mi alma se vuelva
fúlgida, blanca, silenciosa y fría.

Otros muchos escritores nos dejaron pasajes personales sobre su quieta faz. Algunos como Gómez de la Serna hacen con ella greguerías: de la nieve caída en los cielos nacen los cisnes. La colisión de la borrasca Filomena y los aires fríos desprendidos del vórtice polar han cubierto de nieve la península Ibérica, dejando una estampa admirada, a la vez que un caos de movilidad y otras cosas que todavía no ha acabado, diez días después. La capital de España sigue medio paralizada por la nieve, que para más de uno será la antítesis de los poemas antes mencionados. Acaso estaba pensando en ellos el polifacético mexicano José Tomás de Cuéllar cuando en el siglo XIX le dedica un poema que empieza diciendo «¡Qué triste es ver la nieve…

Nieve que va y viene, o se queda combinando emociones e inconvenientes, . Para recordarla en su día, sea promocional o no, nos queda la reflexión pausada del poema «Revolución» de León Felipe.

Siempre habrá nieve altanera
que vista el monte de armiño
y agua humilde que trabaje
en la presa del molino.
Y siempre habrá un sol también
un sol verdugo y amigo
que trueque en llanto la nieve
y en nube el agua del río.

De otras obras que nos pintan la nieve nos quedamos con Pieter Brueghel el Viejo y con Goya. Disfrutemos de su contemplación. ¿Quién sabe si año de nieves año de bienes? Ojalá. 

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