París +5 y el perturbador riesgo climático sigue en emergencia

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Se van a cumplir 35 años desde que Ulrich Beck publicó La sociedad del riesgo. En el libro/manifiesto/reflexión alertaba de que las sociedades no identifican ni adoptan un modelo de riesgo; se acomodan al que les ha conducido el desarrollo industrial. Bauman, Touraine y Sennett –se preguntaba qué tipo de sociedad hemos construido y qué somos ahora- le acompañaron es su intento de esclarecer los rasgos de la enorme transformación social que se estaba operando en el mundo y anticipaban algo de lo que estaba por venir; cuestionaban los pilares básicos que por entonces se limitaban al concepto progreso. 

Van a ser casi 60 años desde que Rachel Carson publicó La primavera silenciosa, un enfoque de la vida visto desde los atropellos que le lanzaban los plaguicidas. Su lucha continua, apoyada en la ecología y la biología, y por la cual sufrió los ataques de la industria química, tuvo mucho que ver en el nacimiento de la conciencia ecológica. 

Todas las personas citadas ya vieron que la vulnerabilidad aparecía como la nueva amenaza de la confiada sociedad del siglo XX y más todavía del XXI; lo sabemos bien si nos miramos en el espejo del cambio climático. Se cumplen ahora cinco años desde la Cumbre del Clima de París 2015, uno desde la COP 25 Madrid-Chile y los objetivos de reducción de la temperatura global siguen lejos. Estos días hemos escuchado noticias un poco alentadoras: el presidente americano Biden quiere recomponer los desaguisados del negacionista Trump, la UE aumenta su compromiso para la reducción de gases de efecto invernadero hasta el 55%. Harían bien todos los países en declarar la emergencia climática en sus territorios, como recomienda la ONU. Pero atentos, que no nos engañen una vez más. Porque todo esto no ha surgido de la nada. Albert Einstein vino a decir que el mundo que hemos creado es proceso de nuestro pensamiento. Difícilmente se cambia sin modificar nuestra forma de pensar; si seguimos pensando y justificando lo mismo (progreso sin límites, a costa de lo que sea) no saldremos del atolladero catastrófico. 

Así pues, ante esta emergencia, lleva varias décadas avisándonos, cada individuo cuenta. Al menos debe posicionarse para que los siniestros que vendrán queden un poco amortiguados, sabedores de que siempre dependen de magnitudes numerosas, de la población afectada y también están sujetos a incertidumbres; hay cosas predecibles pero otras no lo son tanto. Hagamos de la necesidad virtud: París bien vale un esfuerzo. O si lo preferimos decir de otra forma, descifremos el significado de lo que apuntaba uno de los fabulistas por excelencia, Félix M. de Samaniego: “si al evitar los riesgos la razón no nos guía, por huir de un tropiezo, damos mortal caída”.

Leer artículo completo en La Cima 2030 de 20minutos.es. 

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