La contienda pandémica en la escuela

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Ahí siguen las escuelas, manteniendo su esencial contribución a paliar los desastres pandémicos. Tienen algunas instrucciones de la OMS y de sus autoridades educativas y sanitarias para reducir los impactos. Pero eso no resuelve todo. En algunos países han sido dotadas de recursos extraordinarios, en otros no. Pero el día a día no es fácil, siempre pendientes del episodio crítico.

Utilizan el rigor para moverse cada jornada, con grave preocupación y enormes esfuerzos, adaptando horarios y movimientos, modificando agrupaciones. En general, el alumnado cumple las prevenciones dictadas; el profesorado mantiene el tipo, no sin sobresaltos. Las familias ayudan lo que pueden, a pesar de los pesares. 

Cada día se cierran muchas aulas, otras reabren después de periodos de cuarentena. Ojalá la creciente incidencia de casos covid que sufre Europa no obligue a cerrarlas de nuevo; sería un tremendo fracaso de la sociedad entera que no supo poner freno a los daños colaterales de su mala gestión de la pandemia, tuvo muchos meses para prepararse, y también actuó con irresponsabilidad ciudadana en muchos casos, todavía visibles hoy.

Los medios de comunicación hablan poco de la escuela «pandemiada»; les preocupa más si se cierra la hostelería, foco reproductor de casos según muchos científicos. Algunas personas se manifiestan contra las limitaciones impuestas porque dicen coarta su libertad individual. ¿Acaso no cercena más el derecho individual que supone la educación la actitud irresponsable de algunos frente a la pandemia?

No sabemos el devenir de la escuela en los meses venideros. Siempre quedará en el recuerdo el esfuerzo de maestras y maestros, pero habrá que acompañarlos en su tarea restringiendo las actividades personales o familiares que la puedan poner en más riesgos.

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