El reciclaje de la polémica plástica lo recupera la verdad razonada

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La apuesta por el reciclaje de los plásticos, por el menor uso, por la sustitución por materiales menos contaminantes es un apuesta de muchos países y había calado poco a poco en la ciudadanía. En España, algunos establecimientos comerciales se adaptaron rápidamente a la normativa de la UE y empezaron a hacer cultura ciudadana en la manera de presentar sus productos a los consumidores. En esto, como en todo que marca la vida colectiva, hay avances junto con pasos lentos, entusiasmos al lado de mentirillas de imagen. De hecho, el Tribunal de Cuentas Europeo ya advierte de que muchos países van a incumplir sus compromisos.

La ciudadanía, llamémosle los consumidores, fueron adquiriendo hábitos positivos con respecto al plástico: no se sabe si usan más o menos en sus compras o en sus casas, pero sí llevan muchos más a los contenedores amarillos. Sus hábitos recuperadores parece que estaban cambiando, lentamente, eso sí. Ahora, quienes atienden a las noticias de medioambiente y reciclaje se encuentran con la polémica de que Greenpeace dice en un reciente informe que Ecoembes, la empresa que se encarga en España de la gestión plástica, miente: que en lugar de recuperar para reciclar el 75 % del plástico como dice apenas llega al 25 % porque buena parte acaba en vertederos o se marcha a países lejanos. Léanse el informe de la ONG, del cual se ha colgado una versión animada en Youtube. Atentos a la réplica de Ecoembes para demostrar sus datos.

La polémica lleva a la desorientación de los consumidores, puede conducir a la minusvaloración del efecto del reciclaje, con los riesgos que esto acarrea. Urge que una autoridad regulatoria, llámese Ministerio de Transición Ecológica o departamentos de Medio Ambiente de las CC.AA., acaso ayuntamientos, pongan en claro las cifras y las haga llegar con claridad a toda la población por medios diversos; también si es cierto o no lo que denuncia el Tribunal de Cuentas Europeo, que ve puntos oscuros en algunos países. Hay que recuperar como bien valioso la capacidad de ajustar el consumo y la reutilización de materiales.

Sería una buena forma de reciclar de nuevo la conveniencia de declarar la contienda al consumo plástico. Si no, la ciudadanía, convencida o no, puede abandonar todo o una parte de sus buenas prácticas; la polémica se las arregla muy bien para espantar a los compromisos y dificulta la recuperación de lo bien hecho. ¡Con lo que cuesta movilizar hábitos y generar actitudes!

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