La escuela acoge a la Antártida

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Esta entrada tiene mucho de homenaje. Una parte va dirigido a las tierras australes, tanto por su belleza como por los beneficios que procuran a la dinámica climática global. Otra se fija en las mujeres y hombres -en este caso personalizados en dos entrañables amigos- que acuden al continente helado cada pocos años para realizar investigaciones que preserven el enclave o que aporten nuevas vías de mantenimiento y futuro de la biodiversidad global.

Pero también quiere que la escuela viaje allí, metafóricamente, para enriquecer sus conocimientos y percepciones, más bien desarrollar nuevas capacidades para entender el futuro global. Incluso va más allá: quiere que se reserve un rincón para la Antártida en cada escuela. Los pingüinos nos sirven de embajadores para conocer paisajes diferentes, para apreciar vidas difíciles, para conocer publicaciones interesantes, para valorar lo que tenemos y la necesidad de preservarlo, para disfrutar de la plástica antártica. Queremos una escuela que admita en sus aulas, dé albergue, proteja y ampare al sistema antártico: su dinámica, sus hielos y sus criaturas.

La Antártida es un tesoro largamente construido, ahora expuesto a peligros crecientes sobre todo motivados por el cambio climático; en concreto este año ha vivido el invierno más caluroso de los últimos 30 años. Por esto, y por muchas más cosas lo llevamos al blog «Ecoescuela abierta» de El Diario de la Educación con el título «La escuela antártica«, porque queremos reclamar su presencia en el ideario ambiental y vivencial de cada centro escolar. Les invitamos a leerlo. Además del aporte de algunas notas históricas, artísticas, de biodiversidad, etc., que siempre animan al conocimiento, recuerda una y otra vez que merece la pena luchar por la Antártida. A los estudiantes de hoy les va una parte del futuro en ello.

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