Desastres climáticos, efectos perversos

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Asegura la ONU, con ocasión del Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres, que se conmemoró el 13 de octubre, que 6.681 desastres naturales relacionados con el clima castigaron el mundo en las dos primeras décadas del siglo XXI. Esta cifra supone un aumento del 80% con respecto a los 3.656 registrados en los últimos 20 años del siglo pasado. Dicho en cuatro cifras: entre 2000 y 2019 murieron 1,23 millones de personas en desastres naturales (incluyendo los de origen climático y los geológicos, tales como terremotos), que también afectaron a 4.200 millones de personas.

Dice la Organización Meteorológica Mundial (OMM) que más de 100 millones de personas precisaron ayuda en 2018 tras los desastres ocasionados por grandes tormentas, inundaciones, acusadas y prologadas sequías e incendios forestales. Pronostica la misma organización que no sería de extrañar que esa cifra creciese un 50 por ciento en 2030. Estos desastres se han quintuplicado, da igual el territorio hacia donde miremos. Detrás de la mayor parte de ellos está el cambio climático. Parece ser que en 2018 se destinaron más de 500.000 millones de dólares a restituir una parte de lo destruido. La OMM asegura que como el cambio climático irá a más por la falta de medidas que aseguren que no se superan incrementos de 1,5 ºC, habría que invertir para paliarlos 1.800.000 millones hasta el año 2030, el de la evaluación de los ODS.

La OMS (Organización Mundial de la Salud) avisa: la asociación entre pandemia y cambio climático era cuestión de tiempo.

Cabe preguntarse si se puede aminorar esos perfectos perversos. Cada contribución, positiva o negativa, al cambio climático cuenta. No miremos hacia otro lado; exijamos a nuestros gobiernos y empresas una urgente acción comprometida.

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